El atraso cambiario

El llamado atraso cambiario es un concepto complejo, relativo y confuso. Y coincidente con una época en que baja la divisa en EE.UU. y en casi todo el mundo. Es que el tipo de cambio no se determina por una flotación pura, ni por el manejo de un Gobierno, el que sólo podrá fijar un tipo nominal, ya que el real lo establece el mercado. Por otra parte, una política de flotación manejada trae como consecuencia efectos negativos, como pueden ser la baja de salarios, la pérdida de confianza en el sistema financiero y un clima de inseguridad.

Y cuando la cotización del dólar baja, lo que la gente llama atraso cambiario, no debe olvidarse que ello beneficia a los deudores en dólares, al costo de los insumos importados por los industriales y productores rurales, en parte a los consumidores, y en especial al país, en la amortización de su deuda externa. En ese caso los exportadores —o lo que es peor— un grupo de ellos, reclaman la intervención del Estado, para que a través del tipo de cambio, "corrija" esa situación. Hace un tiempo, teníamos lo que pudiera llamarse "adelanto cambiario", y nadie planteó la intervención oficial.

La queja actual se plantea relacionándola con una pérdida de la competitividad, lo que sólo es cierto en parte y en determinadas condiciones. El atraso cambiario no es el único elemento que influye en la pérdida de competitividad. Ella depende también de otras causas. Por ejemplo, las externalidades (un mayor número de países cada vez más competitivos, nuevas tecnologías, proteccionismos políticos, avance en las comunicaciones, cambios en los usos y costumbres, precio y condiciones de la energía, volatilidad de las políticas cambiarias, los transportes, el clima, y los requisitos ecológicos), el Estado y hasta los propios empresarios.

El Estado, en cuanto a su ineficiencia, la burocracia, el antiguamiento, las reglamentaciones, la multiplicidad de servicios afines, la falta de apoyo a la investigación, la ausencia de un Banco de Desarrollo, la dificultad en el acceso a créditos oportunos y razonables, la falta de reglas de juego estables, la demostración de inseguridad para las inversiones externas, etc.

Y en cuanto a los empresarios, ya sean industriales, agrarios, de servicios, también de ellos depende la competitividad. Entre otros elementos a señalar, la vigilancia de toda la cadena de producción, informarse, ser creativos, investigar, vigilar sus costos con un presupuesto de base cero, capacitar al personal, reingeniería de sistemas, prever el recambio de equipo y las nuevas tecnologías, vigilar la forma y necesidad de endeudarse, el tipo de energía necesaria, no producir según lo que desea, sino lo que requieren los consumidores, sus gustos, sus modalidades de comerciar, la calidad, la presentación. La época, el envase, el marketing.

Tercerizar el almacenamiento y la distribución, tener habilidad negociadora, asistir a ferias, estar siempre preparado para variaciones en las condiciones de producción y de demanda, agruparse para abaratar costos y obtener sinergia, descubrir nichos. En la mayoría de los casos, el éxito o el fracaso depende de uno mismo y no de la dependencia del Estado. Se puede ser un buen comerciante, pero lo principal es ser empresario, en el total sentido de esta palabra.

En resumen, la competitividad depende de muchos factores y condiciones y no sólo del llamado "atraso cambiario".

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