Antonio Mercader
Aunque ayer fue 25 de agosto, el Presidente Tabaré Vázquez no inauguró el 52º Salón Nacional de Artes Visuales. No se hizo esta vez, lo que es una pena porque había una linda tradición de honrar la fecha con ese espaldarazo oficial a los artistas uruguayos. Medio millar de ellos se presentaron en los últimos salones, lo que prueba el poder de convocatoria de la idea que lanzó hace 70 años Eduardo Víctor Haedo, entonces ministro de Instrucción Pública. Idea orientada a reconciliar al artista plástico con las instituciones estatales y, sobre todo, a darle un estímulo, una oportunidad de cotejo y un baño de multitud a nuestros creadores, esos que son el santo y seña de nuestra cultura aquí y en el exterior.
De este gobierno de izquierda se espera demasiado en todos los campos, más de lo que humanamente se puede conseguir de un Estado en situación de quiebra. Pero ocurre que la izquierda siempre resaltó lo cultural como centro de sus desvelos y promesas de campaña, por lo que cabe esperar que mucho se haga en este ámbito. Así lo anticipó uno de sus voceros desde el ministerio del ramo a 15 días de asumir su cargo cuando, tras delinear grandes planes, denigró de una sentada a todos sus antecesores diciendo que "en materia de gestión cultural hemos vivido en el reino de la improvisación, de la falta de profesionalismo y rigor, cuando no de la manifiesta incapacidad o desinterés".
Tanta severidad inicial, tanta dureza, preanunciaban un reino de más felices despliegues al menos en el mundo de las bellas artes, siempre sediento de buenos gestores. Empero, hacer cosas no es fácil sobre todo si debe esperarse que una cierta "asamblea permanente de la cultura", que está por reunirse, concluya un largo paseo por la idea. Con un presupuesto anoréxico, persistir en la idea del Salón Nacional es tarea de titanes pues significa lograr apoyo de un puñado de empresas privadas y públicas, clásicas patrocinadoras de la muestra. Dicho de otro modo, se hace a pulmón y no de boquilla, lo que requiere un Ministerio de Educación y Cultura organizado y capaz de atraer a filas a cientos de artistas, elegir a los mejores, premiarlos y exhibir sus obras en una exposición montada al efecto en el Museo Nacional de Artes Visuales.
Si bien no hubo noticias del Salón en este primer semestre ministerial, sí las hubo —y muchas, y hasta insidiosas— de ese museo que es su sede natural, incluidas las acusaciones a su director, Angel Kalemberg, cuya continuidad en funciones sigue en duda. Basta con entrar al característico edificio del Parque Rodó para apreciar la calidad del trabajo de Kalemberg quien, dicho sea de paso, ha sido jurado y uno de los pilares del Salón Nacional.
Tachar nombres, demoler lo existente y cortar de raíz con el pasado tal vez sea una política cultural con rigor, aunque las conozco mejores como diría Groucho Marx.