Maroñas tiene hoy una de sus citas ineludibles para la muy numerosa afición turfística: se corre el premio "Ensayo" donde los más promisorios potrillos —con presencia de brasileños y argentinos— harán su público examen final, antes de las competencias de la Triple Corona. Y sin lugar a dudas que la respuesta del público será excelente: miles y miles de personas se congregarán en las tribunas del Circo de Ituzaingó para ser testigos de esta carrera.
Los problemas vendrán antes o después que el aficionado ingrese a las instalaciones, porque lo que podría ser un escenario de indudable atractivo familiar e, incluso, turístico, es en realidad un sitio de alta peligrosidad. Allí sobreviven manzanas de asentamientos y un proyectado acceso principal aparece desdibujado y a medio hacer, como una burla a los inversores que transformaron el destruido Hipódromo en una majestuosa construcción, que luce orgullosa en las televisiones de distintas partes del mundo.
Esto no es nuevo y se arrastra desde su inauguración (junio de 2003). Pero lo que sí preocupa es que la desidia de las autoridades en terminar los accesos y eliminar los asentamientos era hasta hace poco subsanada en parte por una férrea presencia policial, que desestimulaba a malvivientes deseosos de un golpe de suerte; fuertes patrullaje, con efectivos policiales a caballo o acompañados de perros, daban seguridad a la zona y a los miles de aficionados al turf que llegaban los fines de semana. Y eso ha desaparecido. Desde hace tiempo que esa presencia disuasiva no se ve y ello es un claro incentivo para los que viven al margen de la ley.
Desconocemos los motivos que han inspirado a las nuevas autoridades del ministerio del Interior a bajar abruptamente la guardia en torno a Maroñas. Pero con esa actitud acentúan la sensación de inseguridad que ya campea en las calles y deja a miles de ciudadanos desprotegidos.
La reinauguración del Hipódromo ha permitido el resurgimiento de una gran barriada —donde viven unas 60.000 personas— que estaba sumida en una crisis desesperante. ¿Por qué ignorarlos? O, lo que es aun peor, ¿por qué "bombearlos"?