La venganza suave del luchador Albie Sachs

Sudáfrica tuvo torturadores, asesinos y desaparecidos en mayor número que ningún otro país y durante un lapso mucho más prolongado. Para nombrar ese sistema de injusticia y abuso legalizados, que horrorizó al mundo, hubo que crear una palabra nueva: apartheid. Nombraba un régimen nunca visto.

Al cabo de medio siglo, un movimiento político incontenible revirtió la situación y Sudáfrica se alineó entre los países democráticos. En ese momento (1994), cuando Nelson Mandela fue elegido Presidente de la República, se encaró un ajuste de cuentas por la violación de los derechos humanos.

Entonces, la solución sudafricana fue diferente a todas; en vez de atender a las consecuencias jurídicas por los crímenes cometidos, hubo un encare moral. Hubo reconciliación a través de una inmensa catarsis, una purga colectiva donde la verdad fue experimentada en vivo por toda la nación. Se otorgó una amnistía general, para ambos bandos, condicionada a que cada responsable por delitos de lesa humanidad confesara públicamente, en las pantallas de televisión, los hechos cometidos.

Quien ideó esta salida, acorde con la filosofía de Gandhi, se llama Albie Sachs y es actualmente miembro de la Corte Constitucional de Sudáfrica.

El 7 de abril de 1988, Albie Sachs había volado a pedazos en Maputo, la capital de Mozambique, tras la explosión de una bomba colocada en su automóvil.

Agentes de las fuerzas de seguridad sudafricana intentaron asesinarlo y estuvieron cerca. Perdió un brazo y la visión de un ojo. Debió aprender a caminar y a escribir con la mano izquierda.

Un periodista le pregunta a Sachs por qué uno de sus libros se llama The soft vengeance of a freedom fighter (La venganza suave de un luchador por la libertad) ¿Por qué "venganza suave"?; y Sachs explica:

—Después de sufrir el atentado, estaba en el hospital y un amigo me envió una carta. "No te preocupes, te vengaremos".

Y yo me pregunté: "¿Cómo podrán beneficiarme con eso?"

Entonces comprendí: la mejor hipótesis para mí, sería que la persona responsable del atentado fuera juzgada de manera impecable y... liberada por falta de pruebas. Esa era mi "venganza suave"; vivir en un país donde rigiera el Estado de Derecho y no, la ley del Talión. No quería agregar a la sociedad más dureza y más rencor. (Fuente: La Nación).

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar