Estratega clave de Bush fue infidente en el caso de la periodista arrestada

Daniel Herrera Lussich | Washington (Corresponsal)

El principal estratega político, cerebro de las campañas presidenciales y las de gobernador de Texas, asesor número uno de George Bush, fue el "infidente", el hombre que, aparentemente por venganza y en pleno ataque de ira, deslizó en los oídos de varios periodistas el nombre de la espía secreta de la CIA, Valerie Plumbe, hasta ese día esposa rubia, bonita y tranquila del embajador de Estados Unidos, experto en armamento de destrucción masiva, Joseph Wilson.

Hoy, Rove es acosado por la prensa y gran parte del Congreso que, a viva voz, exige su "cabeza" como figura de confianza en la Casa Blanca y demanda sentarlo en el banquillo de los acusados por revelar la identidad de un funcionario de los servicios de Inteligencia, hecho considerado un delito criminal por la Justicia americana.

Judith Miller, del New York Times, por ahora es la única e injustificada víctima de este ruidoso caso, con una trama más digna de una novela de misterio que de un suceso real que se desarrolla en las trastiendas del más alto nivel gubernamental... Desde hace seis días que vive tras las rejas de la cárcel del Distrito de Columbia, Washington. La periodista cumple la pena aplicada por un juez federal hasta el 28 de octubre, por su negativa a identificar las fuentes de información que permitieron descubrir a Valerie Plumbe.

DENUNCIA Y VENGANZA. El proceso se inició en julio de 2003 cuando un comentarista de la CNN, Robert Novak, publicó como primicia un artículo que marcaba a Plumbe como miembro oculto de la CIA.

La columna de Novak apareció pocos días después que Joseph Wilson, el embajador y esposo de Valerie Plumbe, había criticado desde el New York Times al gobierno del presidente Bush por mencionar, como una de las causas de la posible acción militar contra Irak, las gestiones del régimen de Saddam Hussein para comprar materiales nucleares a Nigeria.

Wilson que en misión especial, asombrosamente también enviado por la CIA como técnico, no había encontrado el menor indicio en territorio iraquí de la existencia de armamento de destrucción masiva y decidió denunciar en la prensa lo que calificó de inexactas versiones oficiales.

A partir de ese momento tres periodistas, en forma escalonada, empezaron a recibir información sobre las verdaderas actividades de Valerie Plumbe. Uno de ellos, Novak, el primero en dar la noticia, periodista de notoria filiación conservadora, que nunca fue citado extrañamente por la Justicia. En cambio la periodista Miller y su colega Matthew Cooper de la revista Time, los otros dos confidentes, fueron convocados por el juez federal. La primera nunca llegó a dar difusión a la información, la había recibido secretamente y decidió confirmarla llevando adelante una amplia investigación; en tanto Cooper escribió una columna, hablando de la espía, sin mencionar la identidad.

El juez Thomas Hogan, actuando de oficio, citó a Miller y Cooper para exigirle el nombre del "infidente" sobre la verdadera labor de Valerie. Ambos periodistas se negaron a dar las fuentes, amparándose en la primera enmienda de la Constitución que protege la libertad de expresión.

SECRETO. El juicio se prolongó dos años, hasta la decisión del magistrado federal de enviarlos a prisión, argumentando que el secreto periodístico en este caso no estaba comprendido en la Constitución. Los periodistas entonces apelaron la sentencia, primero rechazada por el Tribunal de Apelaciones y luego no haciendo lugar por la Suprema Corte de Justicia,

La semana pasada el Juez dictó la pena de cuatro meses de cárcel para Miller y Cooper, pero éste último junto con Time decidieron entregar los apuntes de la conversación con el "infidente". Cooper además, segundos antes de ir "tras las rejas", decidió revelar la fuente alegando que había sido liberado del secreto.

En cambio Judith Miller y el New York Times se mantuvieron firmes en la decisión de respetar la confidencialidad de los informantes y la periodista está cumpliendo la pena de prisión.

La calma no llegó con Miller tras las rejas, por el contrario, primero se recordó que en su momento, hace dos años, Wilson había señalado que Karl Rove, era el responsable de la revelación sobre su mujer como venganza por sus objeciones a los argumentos del gobierno contra Irak, pero luego todo quedó en silencio.

Hace pocas horas, para agregarle más condimentos a este ruidoso y extraño asunto, el New York Times y el Washington Post informaron que Rove fue quien habló sobre el oculto trabajo de Valerie Plumbe, lo que llevó de inmediato a Robert Luskin, abogado del asesor de Bush, a confirmar la noticia, a esta altura imposible de desmentir, aunque aclarando que jamás su defendido había entregado a los periodistas el nombre de la espía de la CIA.

En la agitada jornada de ayer se sumó la información de Newsweek, dando cuenta que habían llegado a su poder e-mails enviados por Rove a Cooper, descubriendo la labor de espía de Valerie para la CIA.

También dos famosos aparecieron ante la opinión pública, agregando "leña a la hoguera", Bob Woodward y Carl Bernstein, los periodistas del caso Watergate, que obligó a la renuncia del presidente Richard Nixon, argumentaron, en opinión que tiene enorme peso en Estados Unidos: "debemos proteger nuestras fuentes de información y si es necesario ir a la cárcel por ello, hay que ir. Si la fallecida dueña del Washington Post, Katherine Graham, hubiera vivido una situación así, estaría dispuesta a ir a la cárcel para proteger la confidencialidad".

En la noche de ayer varios senadores demócratas y tres republicanos habrían alertado al presidente Bush de las serias derivaciones que puede tener el caso Rove, mientras el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, que en principio negó toda vinculación del asesor presidencial en el tema, interrogado cambió de expresión: "hay una investigación de por medio, nada se puede decir hasta que ésta finalice".

Todo indica que "uno de los hombres estrella del elenco de George W. Bush" tendrá que alejarse silenciosamente o someterse a lo que amenaza ser un verdadero escándalo público.

Mejora dos puntos imagen de Bush

Aún cuando de inmediato se aventuraron pronósticos en Estados Unidos sobre la mejoría de la imagen del presidente George W. Bush luego de los atentados en el Metro y el ómnibus en Londres, anoche uno de los diarios de mayor circulación, el USA Today difundió varias encuestas que muestran cierta pequeña alza del gobierno en uno de los rubros, pero la gente frente al resto de las preguntas exhibe desconfianza, no espera grandes cambios y reitera su discrepancia con la guerra de Irak.

El primer sondeo, siempre llevado a cabo en forma conjunta por USA Today y Gallup, se confeccionó en base a la interrogante: ¿Aprueba o desaprueba el camino seguido por el presidente?

En este nuevo trabajo de julio, luego de ocurrido el atentado en Gran Bretaña se observa una mínima levantada de Bush con respecto al mes anterior: aprueba un 49% contra 47% que lo hacía en junio a diferencia del categórico 50% que lo respaldaba en mayo y 57% en el mes de febrero.

En tanto desaprueba la gestión presidencial en julio el 48%, un punto menos que en junio que llegaba al 49%, en mayo 45% y en febrero la objetaba solo el 40%.

La segunda cuestión fue: ¿espera en las próximas semanas un muy probable ataque terrorista en Estados Unidos o piensa que son medianas las posibilidades, no demasiado o no desconfía?

La respuesta sobre el primer punto subió nítidamente, aún en porcentajes bajos, de 4% en junio a 12% en julio: en tanto se inclina sobre la existencia de un mediano riesgo el 43%, no demasiado factible un 35% y 9% lo descarta.

Finalmente ante la siguiente interrogante: ¿Usted piensa que la guerra de Irak ha transformado al mundo en menos seguro ante el terrorismo?

El 52% respondió que sí, en el sondeo del mes de julio, frente al 51% de mayo, en tanto se inclinó por la contraria, es decir sostiene que el mundo no se transformó en más peligroso el 40%, mientras en mayo lo hacía el 42%.

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