Se cumplen hoy treinta años del estreno mundial de Tiburón, la película de Steven Spielberg protagonizada por Roy Scheider, Richard Dreyfuss y Robert Shaw que aterrorizó a media humanidad, y las mandíbulas del peligroso escualo vuelven a cerrarse sobre el público.
Spielberg siempre ha descrito su film como una mezcla de "coraje y estupidez", una combinación explosiva que lo convirtió en el realizador más cotizado de Hollywood, capaz de crear el primer "taquillazo" del verano, ya que Tiburón fue la primera película en superar los 100 millones de dólares en su estreno. Desde entonces ha recaudado más de 260 millones de dólares solamente en los Estados Unidos: si la cifra se ajusta a los precios actuales, el film ocupa el puesto 45 entre los más taquilleros de la historia del cine.
Pese a ello parece haber ganas de más, y tanto el público como los estudios Universal, productores de la película, están listos para proporcionarlo. Sin ir más lejos, Universal se dispone a lanzar una nueva edición en DVD, aunque hace apenas cinco años el film ya saliera por primera vez en ese formato (coincidiendo, obviamente, con sus 25 años).
"Cuando salió a la venta el primer DVD de Tiburón tan sólo había 7 millones de reproductores de DVD en los Estados Unidos. Ahora hay más de 70 (millones)", recuerda empero el novelista Peter Benchley, cuyo libro dio pie a la película de Spielberg. La nueva edición incluye un documental de dos horas, escenas eliminadas del film, entrevistas y un diario fotográfico.
Otros que han querido participar en la celebración fueron los residentes de Martha’s Vineyard (Massachusetts), la pequeña isla turística que Spielberg transformó durante más de siete meses en la isla Amity de la ficción. Durante años los habitantes del lugar han preferido no tener nada que ver con el asunto, temerosos acaso, como las autoridades de la isla en la película, de espantar a los turistas con la idea de que puede haber en sus aguas un enorme pez carnívoro dispuesto a comerse a la gente. Sin embargo, Tiburón tiene ya treinta años y forma parte de la leyenda del cine. De ahí que en Martha’s Vineyard se hayan permitido organizar el "Festival del Tiburón", que del 3 a 5 de junio pasado devolvió a sus playas a algunos de los integrantes del equipo de la película.
"A estas alturas, el film es nuestra mejor arma promocional, parte de la identidad de la isla", sostuvo Jeff Kristal, presidente de la Asociación Tinsbury de Comerciantes, según un cable de Efe. En realidad, el festival no fue mucho más que una reunión de amigos, pues Scheider y Dreyfuss se disculparon por su ausencia, Spielberg mandó apenas un saludo grabado, y un amplio plantel de secundarios quedó eclipsado por Bruce, el tiburón mecánico que provocara los mayores sobresaltos de la película, y que fuera bautizado así en honor del abogado del realizador.
Sin embargo, las festividades se prolongarán a lo largo del verano con el sabor Ataque de Tiburón en la heladería local, carteles que rebautizan la farmacia local como Farmacia Amity, y rebajas en los numerosos libros relacionados con el film.
Tiburón fue "la primera película que puso todas las técnicas de mercado que ya existían, publicidad, promoción y saturación, a las órdenes del talento de Spielberg", sostiene Tom Shone en su libro Blockbuster: How Hollywood Learned to Stop Worrying and Love the Summer. Algo parecido opina el guionista Carl Gottlieb en su libro sobre las numerosas vicisitudes de la producción, que estuvo a punto de ser cancelada por problemas con el tiburón mecánico: "Su llegada a los cines marcó el primer estreno multitudinario. Y desde entonces nada ha sido igual".