La noche del domingo del clásico para Sebastián Viera culminó en una pesadilla, si se tiene en cuenta lo que había pasado —y sufrido— el arquero tricolor horas antes en el Estadio Centenario.
Es que, seguramente como consecuencia de todo lo sucedido en un partido caliente en el que terminó expulsado, el floridense resolvió descomprimir un poco toda la tensión que había acumulado, yendo a pasar un rato, bebiendo una cervecita y escuchando un poco de música, al boliche de Pocitos que está situado en la conjunción de las calles Francisco Muñoz, Gabriel Pereira y Ellauri: Lou Bizarro.
Todo bien, como dicen los muchachos. El tema es que el lugar tiene una decoración que incluye la exposición de una colección de camisetas de fútbol bastante amplia, en la que figura la ropa —y elementos de trabajo— de un árbitro. Entonces, al constatar la presencia de Viera, uno de los mozos fue, se puso la indumentaria de juez, y ¡le sacó primero una tarjeta amarilla y después la roja!
Dicen que la concurrencia "se mató" a carcajadas. Bah, los "manyas"; porque los "bolsos", no tanto.