El impuesto a la renta

El nuevo Gobierno ha anunciado que en el año 2006 se presentará al Poder Legislativo un proyecto de impuesto a la renta de personas físicas (IRPF). Conviene resaltar que un impuesto coordinado de ese tipo, acabaría con las distintas rentas gravadas, hasta ahora, aisladamente, y cumpliría con los principios de justicia y equidad fiscal. Pero también conviene no olvidar, que se trata de un impuesto complejo, resistido por su injerencia en temas privados, de difícil acceso al contribuyente medio, de elevado costo para la Administración, que exige un largo período previo de difusión, complicados formularios que requieren asesoramiento privado, que puede desanimar inversiones externas, entre otras características conocidas en todos los países que lo han aplicado.

El Estado debe decidir, si va a ser de tipo cedular, global o mixto, si va a suplantar a otros impuestos, como lo fue en 1960, y si no será distorsionado (el proyecto preparado por expertos) en las Comisiones de las Cámaras, por la intervención de intereses privados. Asimismo, que los Gobiernos subsiguientes mantengan su vigilancia. Estos dos factores desvirtuaron aquel proyecto (Véase el Mensaje del Poder Ejecutivo del 15/11/60) debilitándose las inspecciones y la recaudación, hasta su derogación durante el Gobierno de facto.

Dada la capacidad del actual Ministro de Economía, siempre recordado como excelente alumno, hoy destacado Profesor, no tenemos dudas que sabrá valorar y podrá superar estos obstáculos.

En lo que respecta al impuesto, un punto capital serán los formularios de declaración, que en muchos casos resultan incomprensibles. Su diseño debe consistir en un formato cómodo, con identificaciones sencillas, sin complicaciones alfanuméricas ni decimales, con casilleros y columnas destacados, así como sus distintas vías, si es posible en diferentes colores, y tipos de letras y números claros. El envío de las declaraciones juradas (actualmente ya se hacen así en el grupo CEDE) por Internet, debe prever situaciones y problemas que complican los plazos. El envío del "paquete tributario" debe ser confidencial, así como el recibo de las declaraciones juradas.

Un punto ya considerado en 1960, debe ser el tratamiento especial para ciertas categorías de contribuyentes, como el jubilado, la pensionista, la viuda, el anciano que vive solo, el discapacitado, el pequeño agricultor, la microempresa familiar, los servicios unipersonales y otras situaciones similares, que exigen simplicidad, apoyo y tratamiento humano de parte del agente fiscal. Se requieren también auditorías e inspecciones globales y rápidas. Con unificación de oficinas y de servicios, hoy superpuestos, actuando por muestreos y cruzamientos de datos.

Pero no se debe olvidar que todo esto está supeditado en una reforma básica de la Administración Tributaria, tal como lo refiere el Editorial señalado al principio. Lo esencial, es lograr armonía entre posiciones radicalmente antagónicas por naturaleza: el contribuyente y el Fisco, a base de comprensión, asesoramiento, simplicidad, claridad, comodidad y respeto.

Y no olvidarse que el Impuesto a la Renta, constituye una de las "recomendaciones" del FMI, aquel monstruo siempre despreciado y combatido, pero al final siempre utilizado por su poder de aval para el apoyo del sistema financiero internacional.

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