PARIS
El "no" en el referéndum sobre la flamante constitución europea gana cada vez más terreno en Francia y los temores de una gravísima crisis interna en la Unión Europea ante muy probable derrota electoral el 29 de mayo en ese país.
Ayer, un nuevo sondeo indicó que el 55% de los franceses votará contra la iniciativa de adherir a la la constitución continental, porcentaje que eleva en dos puntos la medición anterior.
Seis semanas antes de la consulta, el sondeo elaborado para el diario Le Figaro y la emisora Europe 1 es el decimoctavo consecutivo que da la victoria al "no" desde mediados de marzo.
Los datos se divulgan después de que el presidente Jacques Chirac se pasara todo el fin de semana intentando convencer a sus ciudadanos de votar "si". Incluso, protagonizó dos debates televisados (sábado y domingo) para argumentar su posición.
MIEDO. El temor a un rechazo francés a la Constitución europea amordaza la vida diaria de la UE al observar con pavor que los franceses se encaminan a rechazar la constitución en el referéndum del 29 de mayo.
País fundador de la UE, líder indiscutible de la construcción europea y el verdadero inspirador de esta Carta Magna, Francia amenaza con convertirse en la "oveja negra que bloquea todo", como aseguró el propio Chirac.
De hecho, ya lo está haciendo, porque la UE ha postergado importantes proyectos legales y está modificando otros para no molestar a los franceses. Si aun así gana el no, la más grave crisis de la UE quedará servida.
Nadie tiene hoy por hoy un plan B. Entre la incredulidad y el temor, diferentes dirigentes políticos y analistas desgranan las consecuencias de un posible no francés: la Constitución quedaría muerta, cuando cinco países la han ratificado (Lituania, Hungría, Eslovenia, Italia y España, en este caso tras un referéndum); las negociaciones de adhesión con Croacia y Turquía y la aproximación a Serbia y Montenegro quedarían congeladas, como señala John Palmer, director del European Policy Center.
Además, el efecto dominó sobre los otros ocho referendos sería demoledor; y la credibilidad del euro quedaría dañada porque "sin política clara, el euro ya no resulta tan atractivo", como dice Wolfgang Munchau, columnista del diario británico Financial Times.
Según estiman los analistas, los franceses no apoyan la Constitución porque está preocupados por los efectos de la ampliación de la UE al Este. Por eso, hablan sobre todo de las deslocalizaciones o la llegada de emigrantes del Este. "Tienen una crisis de confianza", comenta el eurodiputado liberal polaco Bronislaw Geremek, quien participó en esa visita parlamentaria.
Lo mismo opina el presidente de la Eurocámara, José Borrell. "Parece que muchos franceses acaban de despertarse y han sabido ahora que la UE tiene 25 socios", dijo.
"Si los checos o los malteses dijeran no, sería un problema para ellos, pero no para Europa; si los franceses dicen no, será un problema para ellos, pero sobre todo para Europa", agregó.
A Javier Solana, Alto Representante de la UE para la Política Exterior, le parece "impensable" que Francia rechace un "avance" para Europa. El canciller hizo desde París un llamamiento "a la responsabilidad particular" de los países fundadores de la Unión y preguntó a los franceses: "¿Rechazar la Constitución no es negar la esperanza en una Europa mejor y un mayor equilibrio mundial?".