360º

Hasta el momento la campaña electoral en Montevideo, rumbo a las municipales de mayo, transcurre con ciertas peculiaridades. Entre las primeras a destacar es que el oficialismo, que hace quince años que gobierna la capital, no se ha preocupado en defender esta gestión tan prolongada, sino que se planta como si la misma no hubiera existido.

Desde el partido de gobierno, y desde su candidatura, no se habla de lo hecho, salvo alguna tímida referencia, ni se destaca nada para mostrarlo como plataforma electoral. El pasado no existió, parece ser el lema.

Seguramente esto no es casual y haya sido una definición del Dr. Ehrlich. ¿Cuáles son las causas?, vaya uno a saber, pero cuando se ignora el pasado suele ser o por que no se lo comparte, o porque se advierte que se debe tomar distancia de él.

En todo caso es público que las apariciones del candidato oficialista pasan por ser muy esporádicas y muy generales. Lo único que se dice es que se va a reformar el transporte, asegurando que es un debe de las últimas tres administraciones. Está bien el reconocimiento, porque es verdad, pero no se puede ignorar que no hay sustento para creer que podrán hacer en cinco años lo que en quince no lograron.

A esto se suma el slogan, que del "cambiemos" de octubre al "sigamos cambiando" de ahora, confirma que la línea no está clara.

Cuando tuvimos la iniciativa de invitar a discutir ideas al Dr. Ehrlich, a debatirlas, creímos que sería una instancia que enriquecería el diálogo democrático. El propio candidato no descartó la propuesta, luego pareció aceptarla, para más tarde descartarla. No hay que dramatizar sobre esto, ya no es nuevo que suceda en Uruguay, por desgracia. A algunos parece importarles más cuidar su imagen que la libertad de elección de los ciudadanos que se coarta cuando alguien se niega a demostrar que sus propuestas son mejores, y se ofrecen sólo anuncios de agencias de publicidad.

Como alternativa podría surgir la de contrastar programas de gobierno haciéndolos públicos. En eso hace tiempo que el Partido Nacional ha dado a conocer el mismo. Las políticas sociales, las ambientales, las referidas a la gestión y los tributos, al transporte, al tránsito, todo esto fue hecho público por nosotros. Se podrá coincidir o discrepar, pero se sabe qué pensamos y lo que vamos a hacer. Sin embargo aquí también somos los únicos, el partido oficialista no da a conocer su programa. La política se transforma así, de hecho, en un acto de fe. El tema es que la fe nada tiene que ver con la política.

No hay debate, no hay drama, pero tampoco hay ideas nuevas, ni se defiende la continuidad de las actuales, entonces ¿qué representa el oficialismo hoy?

La opinión pública lo único que conoce son las propuestas del Partido Nacional, de todo el partido, como debe ser. Elaboradas por técnicos y dirigentes de todos sus sectores, las mismas resumen un trabajo prolongado con fuerte raigambre en los barrios de Montevideo.

No hay sorpresas en lo que será nuestra gestión, los montevideanos saben qué haremos en cada uno de los temas que hacen a la administración y a la inversión. Como dijimos, se puede discrepar, que en definitiva para que haya libertad es que peleamos toda nuestra vida, pero sólo se sabe lo nuestro.

Toda esta situación demuestra también cierto desconocimiento por el derecho de la gente a saber. Se la invita a votar por considerarla cautiva de un partido, creyendo que sobre ella hay un autoridad cupular que no necesita dar explicaciones.

No quieren debatir, no muestran su programa, no dicen qué piensan para el futuro, y se desvinculan de los últimos quince años. Es el cambio, este de 360 grados, para quedarse en el mismo lugar.

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