Habla el biógrafo

—Muchos admiran la obra de Juan Pablo II, su trabajo incansable por la paz y su esfuerzo por el diálogo interreligioso, pero no comparten su manera de conducir la Iglesia y su presunta teología moral estrecha. ¿Coincide con ello?

—La gente que sostiene estos argumentos no sabe lo que es la Iglesia Católica ni cuál es la función de un papa. Juan Pablo II no estuvo enseñando las opiniones personales de Karol Wojtyla, sino la doctrina de la Iglesia Católica.

—¿Por qué escribió la biografía de Juan Pablo II?

—Quise ofrecer al mundo un retrato lo más completo posible de una de las personalidades humanas más grandes de nuestro tiempo. Y quise hacerlo desde el interior de las convicciones cristianas, que hicieron a Juan Pablo II el hombre que fue. Yo propuse escribir la biografía en 1995 y el Santo Padre accedió a cooperar con las sucesivas entrevistas que mantuvimos.

—¿Habló de la muerte con él?

—Juan Pablo II estuvo muy familiarizado con la muerte a lo largo de su vida. Un auténtico discípulo de Cristo no le teme a la muerte.

—¿Cuál es la principal innovación de su papado?

—Fue el primer papa con una formación intelectual moderna. Renovó el oficio de Pedro para el siglo XXI, al hacerlo retornar a las raíces del Nuevo Testamento, haciéndolo un oficio marcado por la enseñanza, la evangelización y el testimonio.

—¿Cómo influyeron en su pontificado las experiencias de vivir bajo regímenes totalitarios en Polonia?

—Su experiencia bajo el totalitarismo hizo que Karol Wojtyla decidiera ser un defensor a ultranza de los derechos humanos básicos de la gente. Eso es lo que hizo como sacerdote y luego como papa.

—¿Cómo describiría su relación con América latina?

—Dado que América latina es hoy el centro demográfico del catolicismo mundial, tenemos que creer que esto es lo que ocurre con la Iglesia en esa zona.

LA NACION/GDA

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