1º de marzo

Aún perduran los ecos de la asunción del nuevo gobierno. Siguiendo la tradición, las ceremonias correspondientes fueron objeto de cobertura por parte de los medios de prensa. A pesar de que las medidas de seguridad no permitieron trabajar con la libertad acostumbrada, la ciudadanía pudo seguir paso a paso todos los momentos de la transmisión de mando a través de la cobertura que realizó la televisión municipal y que fuera retransmitida por el resto de los canales.

Ese día hubo dos momentos nítidamente diferenciados. Uno fue el de las ceremonias oficiales donde, más allá de algún detalle pintoresco, todo se cumplió según las reglas del protocolo. Otro, bien distinto, fue el de la noche, cuando el Presidente de la República hizo uso de la palabra en la explanada del Palacio Legislativo.

Nos llamó mucho la atención lo escueto de la exposición realizada ante la Asamblea General. Ha sido tradición que el Presidente de la República entrante exponga con cierto detalle las líneas de acción de su futura conducción. Es el titular de uno de los poderes del Estado que se dirige a los representantes de la Nación que integran el Poder Legislativo para hacerles presentes sus prioridades, planes y objetivos.

Una costumbre que más que servir para la ilustración de los señores legisladores sirve para hacer patente la importancia superlativa del Legislativo como expresión de la representación nacional.

Por el contrario, el Dr. Vázquez ahorró expresiones ante la Asamblea General y las reservó para su alocución de la noche.

Nos es imposible conocer la verdadera motivación de tal proceder, pero los símbolos hablan por sí mismos y muchas veces más allá de las manifiestas intenciones. Vázquez prefirió el contacto directo con los ciudadanos sin intermediación alguna, en una suerte de ejercicio de democracia directa que resta importancia, dignidad y significación al Parlamento.

No podemos dejar de aludir a la referencia que el señor Presidente hizo de la Oración Inaugural del Congreso de Abril de 1813, cuando el General Artigas dice aquello de: "Mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana". En aquella importante instancia no estaban todos y cada uno de los orientales presentes. Lo estaban quienes habían sido elegidos por los pueblos de la Provincia Oriental para que los representaran. El Congreso de Abril no fue un ejercicio de democracia directa sino un ejercicio de democracia representativa: fue ante los representantes de los pueblos de la Provincia Oriental que el General Artigas rindió su autoridad.

Hay que reconocer que las apelaciones más o menos veladas a la democracia directa como estadio superior a la democracia representativa están presentes, con énfasis diversos, en el pensamiento de algunos integrantes del gobierno. Querer inventar la rueda en el siglo XXI no es una pretensión muy sensata, pero para algunos grupos la democracia directa es mejor y públicamente así lo han señalado sus dirigentes.

Durante mucho tiempo tuvimos la impresión de que los años de dictadura habían servido para madurar y aquilatar debidamente la importancia de las instituciones, que no son el fruto del trabajo de una noche, sino de decenas de años de marchas y contramarchas; prueba y error. Que esas instituciones de las que peyorativamente a veces se habla tienen confiadas cosas tan importantes como la posibilidad de limitar los derechos de las personas o juzgar al titular del Ejecutivo.

Fervientemente deseamos que se reflexione y no se avance en el menosprecio de las instituciones, que es un camino que a ningún buen destino conduce.

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