El fantasma de las dificultades energéticas —por no emplear todavía la palabra "crisis"— sorpresivamente ha vuelto a instalarse en el país. La falta de lluvias en la cuenca norte del río Uruguay viene marcando un paulatino descenso de las aguas del embalse de la represa de Salto Grande y, al día de ayer, se encontraba en un metro setenta por debajo de su marca normal en esta época del año.
Los informes dicen que el embalse de Salto Grande recibe actualmente un aporte de 1.000 metros cúbicos de agua por segundo, cuando históricamente y a igual fecha se deberían alcanzar los 2.300 metros cúbicos por segundo. Y también que el aporte de la represa a la producción energética de los sistemas de Uruguay y Argentina es de 8.300 megavatios horarios, cuando deberían ser 12.000. En cuanto a las lluvias, por lo menos en el corto plazo no figuran en los pronósticos de los entendidos.
Las peripecias sufridas el invierno pasado por la falta de energía hidráulica, el incumplimiento argentino de sus compromisos en materia de abastecimiento de gas y el constante aumento de los combustibles para poner en funcionamiento las centrales termoeléctricas, pautaron una situación desesperante, en un país que intentaba salir de una horrible crisis económica en medio del alza constante de sus tarifas.
Toneladas de palabras se descargaron hablando de "la falta de previsión", la "ausencia de planes en materia energética", que "Uruguay necesita una política para este sector", que "esto yo ya lo anuncié", que "yo lo advertí y no me hicieron caso", etc. y, poco meses después, corremos peligro de volver a escucharlas.
Por lo menos esta vez no esperaremos que "el buen Dios nos dé una mano" —Batlle dixit—, porque el presidente de UTE ya viajó a Brasil para asegurar nuevas importaciones de electricidad y negociar otro acuerdo para el uso de la conversora instalada en Rivera. Como dijo de manera poco tranquilizadora Juan Gabito, director del organismo, "la idea es importar lo más que se pueda y gastar la menos cantidad de agua posible" para tratar de pasar un verano sin cortes. Sí, se está hablando de cortes y a ello se agrega también la amenaza del habitual aumento de tarifas en estas circunstancias.
¿Sigue sin cambiar la suerte para los uruguayos?