Informamos en nuestra edición del 4 de diciembre que siete grupos de activistas a favor de la tolerancia y respeto de las orientaciones sexuales presentaron una iniciativa a la Junta Departamental de Montevideo para construir un monolito color rosa, pequeño monumento a la diversidad sexual en forma de pirámide con el vértice hacia abajo, que se dice fue aceptada por decisión unánime, faltando la aprobación del Intendente para habilitar la instalación de la faraónica figura en el Pasaje Policía Vieja, epicentro de la "movida" de boliches de la Ciudad Vieja. Hay tres monumentos a la diversidad sexual en el mundo. En Amsterdam, en Nueva York y en San Francisco. Montevideo se convertiría entonces en el cuarto "lugar de culto", como lo llaman los peticionantes. El edil Gabriel Weiss, presidente de la Comisión de Nomenclátor de la Junta, entusiasmado con la idea cree que así se podría atraer turistas de esa condición e inversores para instalar hoteles y boliches en la Ciudad Vieja. El color rosado se debe a que ese era el color de los homosexuales hombres, y negro el de las mujeres, en los campos de concentración nazis.
Complicado y polémico el asunto. La homosexualidad existe desde que el mundo es mundo despertando diferentes sentimientos y valoraciones según los países y las épocas. En Uruguay se le mira de diferente manera pero en general la posición es de tolerancia social. Aquí, en general repito, al homosexual no se le margina. Yo tengo amigos homosexuales, algunos viven en pareja, los recibo en mi casa, voy a la suya. Son gente de bien, sobria, educada. Admito sí que si me preguntan qué opinaría si un hijo o un nieto mío fuera homosexual contestaría que preferiría que no, pero si me tocara, lo aceptaría. Creo reflejar una tendencia social que tolera, pero que también encara la homosexualidad como una excepción, como condición que comprende a una minoría de hombres y de mujeres. Lo normal es la relación heterosexual entre hombre y mujer y en ello reposa la concepción de familia, y por eso no estoy de acuerdo con los matrimonios homosexuales, las adopciones y otros artificios. Hay posiciones extremas que rechazan la diversidad sexual por degradante, por ver en ella una desviación, una degeneración, una enfermedad, por razones religiosas u otras, pero estas posturas de rechazo radical son minoritarias. No se valoriza que en la relación homosexual natural, no en la escandalosa, en la exhibicionista —como tampoco sucede en la heterosexual— hay un componente de un valor a jerarquizar en la vida, como es el amor.
Ello no me impide opinar que esta iniciativa del monolito me parece un despropósito. Es innecesaria y es agresiva respecto de quienes no toleran la diversidad sexual. Es confrontar minoría con minoría, al santo botón. Si de lo que se trata es de procurar la inserción social de homosexuales que tienen derecho a no ser discriminados, ese respetable objetivo debe buscarse por las vías naturales, no por la ostentación o la acción de choque como sería la construcción de esa pirámide rosada al revés. Con el mismo derecho podrían reclamar lo mismo los heterosexuales recalcitrantes. Además, la creación de un espacio geográfico para la radicación de parejas homosexuales es una flagrante contradicción con la justa intención que los anima de no ser discriminados, porque creando esa suerte de guetos... practicarían la autosegregación. No es por casualidad que sólo tres ciudades en el mundo tengan esta clase de monumentos. La ubicación proyectada es una invitación a los escándalos. Y en cuanto a la atracción de turistas, caramba, hay otros medios para lograrla.
La idea sólo aportaría altos quilates al oro del broche con que cerraría su gestión municipal el Frente Amplio bajo la administración Arana.