Mirando la realidad

El Frente Amplio sigue procesando su transmutación a partido de gobierno. El país sigue atento a lo que allí sucede, dándole el tiempo que el proceso demande. Aprovecho para compartir algunas observaciones más.

El sector más votado dentro del Frente, el grupo de Mujica, muestra una actitud decididamente positiva hacia el campo y la producción agropecuaria. Lo que tradicionalmente la izquierda trataba con animosidad, como una lacra (estancieros latifundistas, pitucos expropiables, etc.) ahora ha pasado a ser algo que hay que defender y que merece que su principal figura política la atienda directamente, ocupando la titularidad de esa cartera. La izquierda, intelectualosa y pueblera, había vivido convencida que Viglietti interpretaba correctamente el ánimo de la gente de campo: ¡a desalambrar! (como el Che que se fue a Bolivia a implantar la colectivización de la tierra en una región donde todos eran pequeños propietarios). La izquierda —por internacional— nunca entendió el apego al pago, el cariño al paisaje, la relación del paisano con su tarea "que no deja una mañana de madrugar su picana sobre el rumbo de un chiflido" (y cito a quien entendió la vida del campo). El sector más numeroso de la izquierda mira hoy a la producción agropecuaria de otra manera. No deja de ser ésta una observación interesante.

También resulta interesante observar el interjuego de poder que se ha planteado entre dirigencias sindicales y dirección política partidaria. Antes el juego era el de la política metiéndose en los sindicatos. No se reconocía que eso sucediese y se desmentía en público pero se lo impulsaba por atrás. Había sindicatos dirigidos y apropiados por el Partido Comunista, otros por el Partido Socialista. Hoy se dio vuelta la taba y son las dirigencias sindicales quienes meten pechera en los organismos políticos de la izquierda. Son los sindicatos —no los trabajadores, los sindicatos— quienes les están exigiendo a los que acaban de ganar las elecciones y aún no se han sentado en el gobierno que den marcha atrás en las concesiones. No se sabe cómo sería esa marcha atrás de los dirigentes sindicales (me refiero a estos casos). Apuntan a concesiones recientes y aún no materializadas, como la telefonía móvil o los puertos madereros, también a las concesiones de agua y saneamiento y llegan hasta la de Gaseba que es de 1994. Pero esto no es lo más grave. Estos planteos son una aberración (o sendas aberraciones en reiteración real); lo más grave es la hipocresía elevada a sistema, porque ni una palabra dicen de las concesiones otorgadas por la Intendencia de Montevideo.

Otra observación interesante —no ha tenido lugar aún pero se la doy firmada— refiere a lo que va a pasar en la transmisión de mando. Batlle será despedido con rechifla, burlas e insultos y habrá una ceremonia en la que estarán presentes y serán aplaudidos, adulados y besuqueados Fidel Castro, Chávez, Lula y Kirchner. Ud. sabe que Argentina no nos deja entrar las bicicletas, Brasil nos tranca el arroz y Cuba nos debe veinte millones hace mil años. Batlle tiene cosas para hacerse perdonar y otras imperdonables pero, si vamos a mirar toda la película, gracias a sus relaciones personales con el execrable Bush consiguió mil quinientos millones del Departamento del Tesoro que nos evitaron la bandera de remate y consiguió que estemos vendiendo una montaña de carne (400.000 toneladas peso carcasa que son U$S 650.000.000) en EE.UU. donde no pueden vender ni Brasil ni Argentina. Yo no soy —como es notorio— un fan de Jorge Batlle y me indigna George Bush, pero en términos de repercusión económica para el Uruguay aquí hay algo para pensar. Me refiero a lo que en el estilo de García Márquez podría titularse: historia de amores estúpidos. Y es de eso que hablo: de la bobera; porque en cuanto a respeto por los derechos humanos, amor a la libertad y culto por la democracia no da ni para comparar.

Finalmente es digno de ser observado el proceso de reparto de los cargos de gobierno: para desazón de algunos, no pasa nada distinto de lo que pasó siempre. Lo único que me preocupa es que en la gata parida por la candidatura a la Intendencia de Montevideo no termine ungido algún genio como el que inventó hacer peatonal a la Rambla de Pocitos.

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