El domingo pasado el M.P.P. proclamó su precandidato a la Intendencia Municipal de Montevideo. No hubo sorpresas en cuanto al nominado, el Sr. Rosadilla. La propuesta de Mujica es inteligente. Por un lado estaría dando con el perfil que ha dicho es necesario para el cargo: hombre de diálogo hasta por ahí nomás, primero en el ámbito correspondiente, luego con copas de por medio y si finalmente no acuerda con su interlocutor pues a la calle y cara a cara. Por otro, al proponer que la designación la haga el Frente y no el Presidente electo, le da realce a la organización de la fuerza política y dándole a Tabaré Vázquez el lugar que le corresponde, que no deberá ser el de zurcidor de desencuentros entre sus partidarios sino el de Presidente de la República. Al mismo tiempo Mujica podría estar dando a entender que se siente menos cómodo en un mano a mano con quien se comprometió a "acatar" que negociando políticamente con sus pares. Vaya uno a saber si en esa negociación no termina consagrando una carta que se rumorea vino a aportar "La Nueva Mayoría". En fin, todo es posible.
Lo interesante fueron las declaraciones del nominado. El Sr. Rosadilla cree que la Intendencia de Montevideo debe abocarse de una buena vez a la tarea social, a sacar a los niños de la calle, a alimentarlos, a darles un hogar digno. Este objetivo, cuyo mérito no se puede discutir, debe ser prioritario, dijo, a los otros "chiches". Estaría refiriéndose a la limpieza de la ciudad, al estado del pavimento, al cuidado del ornato público, a la obra pública, en fin, a todo lo que tradicionalmente se le requiere a un gobierno departamental.
No queremos ser indiscretos, pero si recordamos en manos de quién está desde hace quince años el gobierno de Montevideo, va implícita a la enunciación de intenciones del Sr. Rosadilla en trance de Intendente, una fuerte crítica a quienes le precedieron, porque cuando Vázquez inició su gestión de cinco años, el problema social que con razón Rosadilla quiere corregir no existía en su dimensión actual, y Arana tuvo diez años para atenderlo, y por lo visto no ha hecho nada en esta materia.
Quedémonos con la idea que es prioritario y fundamental atender la problemática de la niñez carenciada, pero sin por eso resignarnos a vivir en una ciudad mugrienta en donde los servicios esenciales que pagan los contribuyentes no dan respuesta satisfactoria. Y después de quince años, nos encontramos con que todo está mal. Pero el hecho es que "cambia, todo cambia".