SANTIAGO DE CHILE | EFE
La división de la sociedad chilena quedó ayer de nuevo al descubierto, al cumplirse el 31er. aniversario del golpe militar que el 11 de setiembre de 1973 derrocó al gobierno del presidente Salvador Allende.
Los sectores de izquierda conmemoraron en las calles, quienes apoyaron el golpe lo hicieron con discretas misas y visitas al general Augusto Pinochet y el gobierno del presidente Ricardo Lagos prefirió dedicar la jornada "a trabajar por el futuro".
En una manifestación, que reunió a unas 3.000 personas según la policía y más de 10.000 a juicio de los organizadores y que terminó con incidentes, la izquierda homenajeó a Salvador Allende, repudió a Augusto Pinochet y exigió justicia para las víctimas que dejó su dictadura (1973-1990).
Una gran parte de las pancartas que portaban los manifestantes y las consignas que coreaban hacían alusión a la situación judicial del ex dictador, que es investigado por su responsabilidad en los crímenes de la Operación Cóndor y por enriquecimiento ilícito, tras descubrirse que mantenía millonarias cuentas secretas en Estados Unidos.
Quienes fueron partidarios del golpe y del régimen militar instaurado entonces, también conmemoraron, de manera más discreta, el aniversario.
LITURGIA. En los regimientos hubo misas "por todos los caídos" hace 31 años, según fuentes del Ejército, cuyo actual comandante, Juan Emilio Cheyre, asistió a una liturgia en la sureña ciudad de Osorno, a 940 kilómetros de Santiago.
Los partidarios de Pinochet, agrupados en la Corporación Once de septiembre, se reunieron en un local de oficiales en retiro para destacar "la obra" del régimen que encabezó el hoy desaforado y jubilado general, de 88 años.
El Gobierno, que recordó la fecha el viernes, con una misa en el Palacio de La Moneda, también se distanció del aniversario, pues el mandatario Ricardo Lagos encabezó una reunión de su gabinete de ministros en la ciudad de Viña del Mar.
Según Lagos, es positivo que en una fecha "emblemática desde el punto de vista de un país dividido" el gobierno se ocupe "de cosas que tienen que ver con el futuro".
La marcha principal, organizada por agrupaciones de derechos humanos, organizaciones sociales y partidos de izquierda, transcurrió bajo una fuerte vigilancia policial y comenzó en la céntrica Alameda Bernardo O’Higgins, donde algunos manifestantes hicieron estallar algunos petardos, sin consecuencias.
La calma se rompió cuando la marcha llegaba al cementerio y de la columna se desprendieron grupos de manifestantes, en su mayoría muy jóvenes, que comenzaron a lanzar bombas incendiarias y piedras contra la policía, que usó chorros de agua y gases lacrimógenos para dispersarlos.
Los enfrentamientos, que duraron más de media hora, dejaron, según fuentes policiales, un carabinero herido y alrededor de treinta detenidos.