Ni el frío pudo más que el "Loco"

| Cuando se bajó del ómnibus la gente le arrancó los auriculares; su hijo debutó con la tricolor

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SILVIA PEREZ

Bajáte bien el gorro, que te tape las orejas. Y que te quede claro, vinimos sólo por el ‘Loco’ porque con este frío nos vamos a enfermar los dos". El padre y su hijo se encaminaban rápidamente hacia la entrada de la Tribuna Colombes. La frase del hombre, preocupado por el intenso frío y la respuesta del niño: "pero está saliendo el solcito, papá", reflejaban el sentimiento de los hinchas tricolores que ayer, desafiando una tarde de setiembre que más bien parecía del más crudo julio, llegaron al Estadio.

Abreu fue el primero en bajar del ómnibus que estacionó en la Tribuna América a las 14:15 horas. Traía puestos los auriculares del discman, pero la gente se le tiró encima y se los arrancó. Cuando estaba a punto de traspasar la puerta del Estadio, un hombre lo llamó, le alcanzó a su pequeño hijo y le pidió que le diera un beso. El, obviamente, accedió.

Unos minutos más tarde, ya con los auriculares puestos nuevamente, llegaba al vestuario. Saludó con una sonrisa a los periodistas allí apostados y entró. No volvió a salir hasta las 15:00 cuando, junto a sus compañeros, enfiló hacia el calentamiento.

Llegó el momento de salir a la cancha. Los tricolores fueron dejando el vestuario uno a uno, y Abreu no aparecía. Fue el último en salir, aún después de los suplentes. Iba atándose el cordón de los pantalones, estaba serio y parecía muy concentrado.

Cuando apareció en la cancha llevaba a su pequeño hijo, Diego Fernando, en brazos. Caminó hasta el centro del campo, pero iba pendiente del niño que estaba tan abrigado que era difícil sostenerlo. Eso no le impidió levantar el brazo para saludar a la Colombes. Ellos enseguida respondieron: "¡Locooo, Locooooo!". Unos minutos después el niño estaba en la Platea con Paola, su madre. Ella aclaró que Valentina, la hija mayor, ya está más grandecita y no quiso entrar con su padre como cuando era más chica. Su hermanito, de un año, debutó con la tricolor.

Una hora y media más tarde, cuando Martín Vázquez acababa de pitar el final del partido, Sebastián Abreu abrazó a sus compañeros uno por uno y la hinchada lo despidió con el"¡Locoooo, Loocoooo!".

Casi una hora después Abreu seguía en el vestuario. Todos querían su palabra y se llevó varios obsequios por ser el mejor de la cancha. Afuera, estaba lleno de gente. Algunos tenían la camiseta pronta para la firma, otros simplemente lápiz y papel. Muchos esperaban sentados en la escalera que lleva a la salida. No les importaba el frío, no pensaban irse sin ver de cerca a su ídolo.

FESTEJOl Acababa de aprovechar el pase de Méndez y la pasividad de la defensa de Rentistas. Corrió hacia la Olímpica. Había convertido su primer gol en su tercera etapa en Nacional

CUMPLIOl No habían pasado ni diez minutos de su segunda vuelta a Nacional y ya había convertido un gol. La Tribuna Colombes enloqueció de alegría

PAPITOl Salió a la cancha con su hijo que llevaba puesta una camiseta que obviamente, era la número 13 y tenía escritos sus nombres Diego Fernando, en la espalda

MOVEDIZO "Lo vi muy bien físicamente y como siempre, tuvo varias chances de gol. Cuando las pelotas caen contra los laterales es muy difícil marcarlo porque se mueve mucho y hay momentos en que lo perdés". (Diego Bonilla, el zaguero de Rentistas que lo marcó).

OPORTUNO "Las pelotas siempre le caen a él y es muy oportunista. Cuando le llega una pelota es difícil que erre. En el área se transforma, es otra cosa. Allí está en su salsa y es ahí donde se complica para seguirlo". (Más del defensa de Rentistas)

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