No habíamos tenido tiempo de sentirnos reconfortados por el hecho de que el buen criterio, al fin, se había impuesto el lunes en el Senado al no votarse el "megafideicomiso", cuando dos días más tarde, en el mismo recinto, una mayoría de sus integrantes levantó la mano para apoyar el proyecto de Carlos Garat. Propuesta orientada a socorrer a aquellos que colocaron su dinero en el TCB, la firma del Banco Montevideo, convenientemente ubicada en las islas Caimán.
Una vez más, el Ministro de Economía no pudo menos que demostrar su profundo disgusto, ya que la mentada votación a la cual sólo se opusieron los senadores quincistas, es una muestra más de la ligereza con la que actúan demasiado a menudo, los miembros del Parlamento. A pesar de que una de las razones de ser de este poder del Estado, es el contralor del Ejecutivo y que su existencia es necesaria, entre otras cosas, para impedir que desde la Presidencia se malgasten los dineros públicos, se observa una actitud que es justamente la contraria.
EL enojo del Ministro no sólo se comprende, sino que se comparte. Porque quién puede suponer que todos estos clientes fueran unas inocentes víctimas engañadas en su buena fe, si cualquiera sabe que una de las grandes atracciones de las islas Caimán no era el turquesa de su mar Caribe, sino los suculentos intereses ofrecidos al depositante, muy superiores a los de la plaza uruguaya.
Aunque hasta el refranero popular indica que cuando "la limosna es grande, hasta el pobre desconfía", la tentación de obtener una renta más jugosa, a menudo lleva a dejar de lado la prudencia, aun si es evidente que la tasa de interés va en proporción inversa a la seguridad del depósito. Porque nadie, ninguna institución financiera, le va a pagar mayores intereses por pura filantropía y quien elige mayor renta, a la vez se inclina por más riesgo.
Las investigaciones realizadas determinaron que no había evidencias de que hubieran sido engañados, salvo en algún que otro caso en los cuales se pudo detectar su ignorancia al respecto. Sin embargo, este proyecto pretende que el resto de los ahorristas que prefirieron mandar su plata al exterior, ahora sean contemplados de la misma manera que quienes lo hicieron en los bancos locales luego quebrados. Esta generosidad con el dinero ajeno, al promover su inclusión en el Fondo de Liquidación de activos de las instituciones cerradas, Montevideo y Caja Obrera, que cosechó tan amplio respaldo entre sus pares además de los aplausos de los clientes del TCB que ocupaban las barras, habrá de perjudicar al resto de los depositantes que optaron por dejar su dinero en el país, desde el momento en que los recursos del Fondo de Recuperación tendrían que repartirse entre más gente. Algo que luce como una clara injusticia para con esas personas.
POR otro lado, si el Estado debiera hacer un aumento de 100 millones de dólares, según las estimaciones de Economía, para responder a esta mayor demanda, esto supondría a su vez, que el resarcimiento de estas personas deba ser solventado por la sociedad en su conjunto, algo sobre lo cual tal vez no hay demasiada percepción. Lo que ahora cabe esperar, es que triunfe la cordura en la otra Cámara, como ya ocurrió anteriormente y esta ley no llegue a ser sancionada. Aunque preocupa por ejemplo, el escaso ascendente del Senador Astori, supuesto Ministro de Economía de ganar el Frente (aunque si así fuera, pocos apuestan por su tiempo de permanencia en el cargo), sobre sus colegas, ya que cayeron en saco roto sus intentos de convencerles de no votar la otra noche.
EN cuanto al intento frustrado de AEBU de crear un maxifideicomiso corporativo, porque en el fondo ese es su gran interés, felizmente los legisladores blancos actuaron con sensatez, quitándole el respaldo que en un principio le habían otorgado, después de aquilatar los numerosos argumentos del equipo económico. El fideicomiso que funciona en el República desde junio para carteras incobrables, lo está haciendo bien, por lo que no se justificaría su desmantelamiento. Han obtenido hasta el momento, 55 millones de dólares efectivos y acuerdos por varios más, mientras que el confiado a los bancarios para recuperar los créditos del Comercial, Caja Obrera y Montevideo en 17 meses, con un costo operativo de 10 millones de dólares, sólo recobró 15 millones de los verdes. Razones tales habrán pesado para su saludable cambio de actitud.
Metamorfosis
El festejo de los diez años del Shopping Punta Carretas nos mueve a la reflexión, en cuanto a que es posible cambiar de manera radical la fisonomía y dinámica de un barrio, cuando se toman buenas decisiones.
Lo que por muchos años fue un centro penitenciario enclavado en una de las zonas más bonitas de Montevideo, cuyas paredes fueron testigos del sufrimiento y la tristeza padecidas por miles de personas que cumplieron allí sus penas por delitos cometidos contra la sociedad, fue transformado en excelente lugar de reunión, compras y esparcimiento para toda la familia. La metamorfosis edilicia se logró de manera tan acertada que la conservación de sectores de la estructura original del penal y su inclusión en el moderno edificio erigido, no hizo más que engalanar la nueva construcción, dotándola de un indudable valor histórico.
Se trata de una de las transformaciones arquitectónicas más interesantes que ha experimentado la ciudad en los últimos años, y demuestra que con creatividad, iniciativa e inversión es posible cambiarle el semblante y el ritmo de vida a una barriada.