Un giro inteligente

Estaba anunciado pero no deja de sorprender. Tras la euforia de los superpoderes que lo convirtieron en Hombre Araña, Peter empezó a pagar caro su utilización. No puede olvidar que se demoró cuando ladrones asesinaron al tío y que los imperativos justicieros lo obligaron a eliminar al padre de su mejor amigo. Los desasosiegos además son una advertencia sobre el daño que puede ocasionar y por eso renuncia a su amor por Mary Jane.

¿Cuánto valen esos poderes extraordinarios? Peter inicia una lucha con El Hombre Araña, que es el eje sobre el cual transcurre la segunda parte de una saga que tendrá larga vida. El peso de esa pulseada es lo sorpresivo: el director Sam Raimi reduce a tal grado la acción que casi logra la hazaña de tener a un superhéroe que no necesita mostrar demasiado sus habilidades. En su lugar descubre a un joven que deja la adolescencia mientras sobrevive en un cuartito de pensión, muy maltrecho, con el poco dinero que gana repartiendo pizza. La precariedad de ese mundo se acentúa cuando observa a la tía amenazada por obligaciones hipotecarias y la excesiva timidez que lo amordaza al enfrentarse a la mujer que quiere, ahora convertida en una actriz que muestra talento ocupando un lugar sobresaliente en la obra La importancia de llamarse Ernesto, de Wilde.

Hundido como está ni siquiera puede asegurar que de sus manos salgan las telarañas. Por momentos pierde el control de sus aptitudes, como consecuencia de la falta de credibilidad en su propia vida. Es un "loser", un perdedor, como suelen decir buena parte de los jóvenes de hoy, con una frecuencia hiriente y propia de quien tiende a apreciar las crisis personales como enemigas del éxito y, de paso, inapropiadas para alcanzar la felicidad.

La lucidez del director Sam Raimi se refleja en la descripción de esa crisis que amenaza resolverse cuando Peter abandona al Hombre Araña y camina liberado, acompañado por la canción Gotas de lluvia sobre mi cabello de Burt Bacharach, antes de nuevamente empantanarse en la vida. Raimi toma a su héroe y lo desarma antes de volver a estructurarlo pero nunca (jamás) como un bloque de acero. Tiene la inteligencia suficiente para advertir que las fisuras expuestas son intrínsecas a la condición de héroe, y para cerrar el film con un primer plano de esa eterna enamorada que interpreta Kirsten Dunst, dándole la espalda al protagonista que corrió tras las sirenas de la policía. Porque esta vez, la acción da a luz a un film genuinamente romántico.

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