Todo conocimiento verdadero, nos da grados de libertad personal y nos permite actuar con mayor efectividad.
Naturalmente el saber más importante y decisivo es el conocimiento sobre nosotros mismos. Pero obviamente cualquier tipo de conocimiento es totalmente inútil si no lo empleamos cuando debemos.
En teoría todos podemos saber muchísimo sobre casi cualquier cosa. Pero en definitiva lo que cuenta son los hechos reales. La sabiduría real comprende el conocimiento teórico, la aplicación práctica de ese conocimiento en el momento adecuado y lo más importante, la observación de los resultados para realizar ajustes y correcciones.
Sin embargo, existe una clase de personaje que podríamos denominar: "El Director Técnico Superexperto" que desconoce los hechos de su propia realidad vital y está más que nada interesado en aconsejar, guiar, y dirigir la vida de los demás.
El más peligroso de los "conocimientos virtuales" es el que se refiere al propio arte de vivir. En esta área casi todos nos sentimos expertos y sabemos muy bien lo que tenemos que hacer ante cada situación vital, pero si no logramos ponerlo en práctica este supuesto conocimiento no es real y ocasiona al menos dos problemas importantes.
El primero tiene que ver con nuestra afectividad personal y se refiere al hecho de que como creemos tener la solución a todos los posibles conflictos y contrariedades vamos a tener una tendencia a dormirnos en los laureles. El resultado es que hoy no lo hacemos y nos quedamos de brazos cruzados porque de todos modos mañana lo podremos resolver con facilidad. Esta falsa seguridad muchas veces resulta ser la madre de la inacción y la postergación innecesaria.
El segundo problema esta más vinculado al relacionamiento con los demás. La situación en este caso es que como nunca nos quitamos la viga del ojo propio, aumentamos indirectamente la tendencia en ver la paja en el ojo ajeno.
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