Por una antropología de la memoria

| El escultor realizó su imponente pieza en hierro y añejas maderas de curupay

Alicia Haber

Una escultura monumental realizada por Ricardo Pascale quedó instalada en la Terminal Logística M’Bopicuá de Río Negro, primer puerto privado del Uruguay creado por la compañía Eufores y Ence.

Pascale, trabajó en este caso con curupay, una de esas maderas duras paraguayas que tanto le atraen. Utilizó madera añeja rescatada que estaba en desuso. La obra se complementa estética y funcionalmente con una estructura de hierro cuyos bordes herrumbrados dialogan con la madera: exhuma referencias al mundo industrial.

Pascale saca partido de la memoria que evocan los materiales y sabe oír lo que le dicen sus grietas, manchas y residuos, y las marcas que el tiempo ha dejado. En esta elección hay una demostración de amor a la historia, de respeto al trabajo que realizaron los operarios en el pasado y de atención considerada a la industria que representaron. Esas connotaciones industriales son ideales para el sitio no solo por el presente y futuro de la Terminal Logística sino por el glorioso pasado fabril de Fray Bentos.

La pieza alude a todas esas instancias tanto en sus materiales como en su forma. Con su obra Pascale realiza varios actos simultáneos: protege, redime y genera algo diferente para la actualidad y para el mundo que viene.

ESCENARIO. Esta escultura está implantada al aire libre, enfrentada a un paisaje majestuoso, bello y sereno.

Pascale estudió mucho la relación con el contexto en el que iba a ser implantada la pieza y en especial el paisaje circundante. Para la Terminal Logística (TLM) buscó resaltar el impactante aunque manso paisaje de las dos orillas del Río Uruguay así como la integración al puente Fray Bentos - Puerto Unzue. "Evité hacer una pantalla que oculte tanta riqueza estética, como la que se ve en la zona. Por el contrario su forma busca que el paisaje tan sugestivo se integre a ella lo mismo que ella se integre al paisaje. Por otra parte la escultura busca que el hombre pueda participar de la forma de la obra pudiendo entrometerse en la misma. He procurado que no sea un objeto distante, frío que solo se observe solitario desde lejos, por el contrario, busca que el ser humano pueda sentirse dentro de ella y descubrir nuevas formas y en definitiva participar activamente en el descubrimiento de su diagnóstico final. Que pueda palparla no como una trasgresión sino como un hecho natural. Sigo en esta obra una preocupación que siempre tengo cuando debo cerrar un espacio, creando otros espacios", sostiene Pascale.

Por ello orada la masa y deja que penetre el aire, abandona lo volumétrico pleno y da lugar a que el espacio forme parte de la obra. El visitante puede entrar en la pieza y salir de ella y al hacerlo deviene parte de la misma obra, la modifica cuando transita por ella y descubre desde ese punto nuevas miradas hacia el siempre renovado escenario del río y su entorno. El ser humano es protagonista de la escultura algo muy importante en este contexto industrial. Después de todo nunca hay que olvidar que el hombre es la medida de todas las cosas, sobre todo en un área industrial.

Esta estructura, a la vez, está en un punto ideal para pararse y meditar sobre la riqueza de fauna y flora del lugar.

Sirve como punto de atención para detenerse a pensar siempre, sin olvidarse jamás, en la importancia de la preservación ecológica, en el necesario e indispensable equilibrio entre industria, crecimiento económico y preservación ambiental. Está situada de tal manera que crea un diálogo inevitable, entre naturaleza e industria, entre lo mecánico y lo orgánico. Y los propios materiales utilizados en la pieza, la madera y el hierro (naturales e industriales), ya invocan esas dos realidades que deben coexistir pacíficamente sin dañarse. La propia empresa Eufores tiene allí al lado una área de preservación ecológica muy importante dónde mantienen y procrean especies nativas de la flora y fauna.

CONTRAPUNTO. El contrapunto es uno de los rasgos más singulares de esta pieza. Pascale desafía la árida uniformidad en su sistema constructivo. Ese rasgo enriquece el entorno industrial y le agrega un elemento fundamental al espacio. Sin él el lugar sería otro.

La obra parece diferente desde disímiles puntos de vista y da, a su vez, miradas diferentes al paisaje de la vecina orilla, al río, al puente. Pascale rechaza lo homogéneo, y muestra cómo le importa ver las diversas caras, los diferentes aspectos, las variadas fases, las numerosas perspectivas y los múltiples matices. Mientras lo hace genera un mensaje de cambio porque la pieza da sensación de giro, de movimiento, es una metáfora de transición, de comienzo, de continuación.

El espacio industrial y portuario se humaniza con una obra de arte de estas características, cálida por su material, sensual por sus resonancias orgánicas, variada por su estética, singular por sus segmentos irregulares y abierta y polifacética por su forma y por su contenido. El lugar lo necesitaba y es un acierto empresarial el haber asociado industria y actividad productiva con arte. No es la primera vez que Eufores y Ence lo hacen y al parecer es una política que afortunadamente piensan continuar.

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