Eje de la vida

El que el 2 de febrero de cada año se conmemore el Día Internacional de los Humedales no significa, en absoluto, que concitando nuestra atención en esa jornada, el objetivo se haya alcanzado. Desde que en la ciudad iraní de Ramsar, hace ya más de treinta años, se firmara la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional Especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas —o Convención Ramsar—, muchas naciones del mundo pusieron en marcha una excelente idea para la conservación de los ecosistemas más productivos del planeta.

No es necesario ser muy lúcido para darse cuenta que ese encuentro internacional fue convocado ante la alarma por la desaparición creciente de humedales en todo el mundo. ¿A qué nos referimos con el término "humedales"? Abarca muchos sitios diferentes. Se denomina humedales a las extensiones de marismas, pantanos, turberas o aguas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluyendo las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda los seis metros. También los humedales pueden comprender las zonas de las orillas o de las costas adyacentes a la zona húmeda y de las islas o extensiones de agua marina a una profundidad superior a los seis metros a marea baja, rodeadas de humedales. Como vemos, se trata de importantes extensiones de territorio, en las cuales el factor fundamental preponderante es la presencia de agua en cantidades significativas. A veces estancadas como en las lagunas, bañados y esteros, a veces corriendo, como en los ríos y arroyos. El elevado valor asignado a los humedales deriva de sus características hidrológicas, biológicas y físico-químicas.

Desde la óptica de los seres humanos, ellos representan una fuente interminable de beneficios para la pesca, la agricultura, la recreación, el control de las inundaciones, como hábitat de una gran diversidad de plantas y animales —especialmente de aves acuáticas—, y para la alimentación de las napas subterráneas con agua dulce. Desde luego, no todos los humedales están bajo la protección de la Convención Ramsar. Se procura incluir aquellos de gran valor por la riqueza de aves acuáticas que presentan, o por su importancia para la educación e información del público, o para la investigación biológica que allí se puede desplegar, o por la presencia de comunidades de plantas endémicas y peces en peligro de extinción, o por su importancia para el control de las crecidas, la sedimentación y erosión, o para el mantenimiento de la calidad de las aguas locales.

Un punto importante a subrayar es que, cuando un país designa un área Ramsar, lo hace pensando en hacer un uso racional y sostenido de ese humedal. Por lo tanto, inicia un proyecto global, donde intervengan tanto los saberes tradicionales como el conocimiento científico; en el cual la participación de las poblaciones locales resultará decisiva para el éxito del programa. Hablamos del uso sostenible cuanto la comunidad logre aprovechar la cosecha anual del humedal, sea ésta la pesca, el turismo en cualquiera de sus modalidades sustentables, o el agua potable, pero sin tocar el capital biológico o ecosistémico.

A medida que aumenta el conocimiento, también crece la importancia de los humedales desde el punto de vista social, económico y ambiental. Es por eso que hemos abandonado la suicida idea de desecar bañados y pantanos, impulsada con tanta energía en la segunda mitad del siglo pasado. Y con ella estamos abandonando también, nuestra obsesión de simplificar peligrosamente los biomas que conforman la extraordinaria riqueza en diversidad biológica de nuestro planeta.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar