Es la mejor muestra de lo que va del verano esteño. Y desde ya habrá que tenerla en cuenta para la lista de lo destacado del 2004. Agueda Dicancro una vez más logra deslumbrar superando las expectativas.
Frente a la espléndida vista del puerto de Punta del Este, sitúa en una sala de la galería, numerosas piezas de gran tamaño en madera y vidrio, que no dejan ninguna duda sobre el sitial que tiene en la escultura uruguaya y latinoamericana.
Lo interesante es que no solo ha llegado a un notable nivel sino que mantiene la intensidad creativa y no ceja en presentar nuevas propuestas año a año en un esfuerzo titánico. Cuando se habla de alguien como ella y se toma en cuenta las limitaciones de este país, no hay que ahorrar adjetivos. Dicancro plasma un arte imponente, resultado de una postura estética basada en la permanente investigación, en la pertinaz experimentación, en la pesquisa audaz y arriesgada y en la entusiasta movilización creadora.
La potencia demiúrgica y la fuerza artesanal de Dicancro están presentes en sus manipulaciones escultóricas del vidrio. Los suyos son actos permanentes de transmutación de la materia que revelan una vez más, su pericia y su virtuosismo. Por el material, la escala, el tipo de planteo estético y el contenido metafórico plantean caminos expresivos muy singulares.
Ya el grado de ocupación visual de las piezas es relevante. Monumentales, no alejan empero al espectador sino que lo acercan al suscitar una visión háptica, un tacto visual vinculado a las cualidades de superficie: se las puede "tocar con los ojos". El tratamiento con el material invita a tener "un ojo en la punta de los dedos".
Concavidades, convexidades y elementos curvilíneos, en los que está presente una referencialidad a lo biomórfico y a la orgánico, son fundamentales. La curva sugiere metamorfosis de cosas vivas y al adoptarla, Dicancro rechaza lo mecanomórfico, lo rígidamente lineal y la rigurosidad geométrica, proyectando estímulos sensuales y vitales.
La vida, el cuerpo humano y en particular el femenino con sus protuberancias características parecen ser de alguna manera los referentes. Como un "continuum" que fluye el espacio invade las formas dando la idea de libertad y apertura, un elemento esencial en la estética de Dicancro que rechaza la masa cerrada. Oscilaciones cromáticas proyectan la sensación de estar en un mundo de transformaciones permanentes.
Con maderas negras incrustadas de gruesas hojas de vidrio rojos, grises, verdes, naranjas, violetas, crea formas peculiares. Recortado, doblado y retorcido y con incrustaciones diversas,el vidrio se expande fuera de la forma más estática de la madera y le agrega movimiento y dinamismo. A veces el vidrio es más macizo y opaco, otras más transparente y ligero: la variedad de planteos es muy grande. Formas curvilíneas, convexidades que recuerdan senos y vientres, emergen de esos postes añejos que son tratados por la autora de múltiples maneras y juegan como formas escultóricas de valor autónomo.