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"THE NEW YORK TIMES" THOMAS L. FRIEDMAN
Guerra de ideas (Parte III)
Nuestro enemigo más serio a largo plazo en Irak pueden no ser los extremistas iraquíes, sino el pueblo iraquí

Durante los próximos seis meses, el mundo va a ser sometido a dos notables pruebas en Bagdad. Será la madre de todas las pantallas divididas. De un lado, se verá el juicio a Saddam Hussein. Del otro lado, se verá el juicio al pueblo iraquí. Así es: el pueblo iraquí también estará enjuiciado para saber si realmente puede vivir junto, sin tener el puño de hierro del hombre que está del otro lado de la pantalla.

Puede parecer apócrifo, pero se supone que una vez Saddam dijo algo así: "Tengan cuidado. Si se libran de mí, necesitarán siete presidentes para gobernar Irak". Es por eso que este juicio en pantalla dividida resulta tan importante. O Saddam se reirá de nosotros y de los iraquíes, señalando "Se los dije", mientras los iraquíes se pelean entre sí o se asesinan del otro lado de la pantalla.

O, nosotros y el pueblo iraquí nos reiremos de él, demostrando que es posible producir algo que el mundo árabe pocas veces ha visto: un autogobierno árabe, multiétnico y representativo, que acepta los derechos de las minorías y pacíficamente transfiere el poder —sin tener un dictador militar, monarca o molá dominando la situación con un palo en la mano.

Nadie querrá perderse este espectáculo. Es una historia "pay-per-view". Si, de alguna manera, los kurdos, sunnitas, turcos, cristianos, asirios y chiítas de Irak encuentran la manera de abrazar el pluralismo, ello se traducirá en enorme impulso a los moderados en la guerra de ideas a lo largo del mundo musulmán. Los que se mofan de la idea de la teoría de dominó democrática en el mundo árabe, en realidad no saben lo que están pensando. Los que piensan que éste es un asunto resuelto, no conocen Irak.

Si Irak va a ser transformado para que funcione como entidad decente, pluralista y de autogobierno, todas las partes involucradas deberán comenzar por aceptar que están "razonablemente disgustadas". Todos tendrán que aceptar su segundo mejor sueño para poder evitar una pesadilla de primera clase: el caos o el retorno a la tiranía.

Los islamistas tendrán que aceptar que están disgustados con un sistema que no establece la ley de la Sharia como si fuera la Constitución, pero solo "razonablemente disgustados", porque el islam será la religión oficial del Estado y respetada como base importante de legislación y gobernabilidad. Las figuras seculares deberán aceptar que están disgustadas porque la nueva ley básica de Irak otorga al islam un importante lugar simbólico en el gobierno, pero solo "razonablemente disgustados" porque esta ley secular y sus jueces igual proveerán las bases para un nuevo imperio de la ley.

Los kurdos deberán aceptar que están muy disgustados porque no verán que se haga realidad su sueño de un Kurdistán independiente, aunque sólo "razonablemente disgustados", porque el estatus autonómico especial de la región kurda será establecido por la ley iraquí.

Los sunnitas deberán aceptar que están disgustados porque no controlarán la riqueza petrolera de Irak, aunque solo "razonablemente disgustados", porque descubrirán que todavía tienen un papel significativo en el Parlamento y una parte de la riqueza petrolera del país en sus propias provincias, gracias al nuevo federalismo iraquí.

Los chiítas estarán disgustados porque si bien su estatus político mayoritario finalmente será reconocido, el poder y los recursos estarán diseminados a lo largo del sistema federal y se pondrán limitaciones al poder de la mayoría.

Pero, todos deberán estar "razonablemente disgustados", porque eventualmente habrá un jefe de gobierno chiíta, y el mismo federalismo que dispersa el poder y los recursos también permitirá a las provincias chiítas que deseen adoptar una forma de gobierno más islámica, que lo hagan.

"Dejemos de lado la frase literaria ‘Somos hermanos, pero otros nos dividen’", indicó el columnista árabe Hazem Saghieh, en el diario Al Hayat. "Nosotros, en Irak, y en otras partes, no somos hermanos: hay problemas que heredamos de nuestra propia historia y entramado social, que no fueron creados los opresivos regímenes modernos... Seamos honestos: hoy los chiítas asustan a los sunnitas; los sunnitas y los chiítas juntos asustan a los kurdos; y los kurdos asustan a todas las otras minorías... Todos los grupos étnicos de Irak tienen la responsabilidad de situar la construcción del país por sobre sus cálculos egoístas y conflictivos".

En síntesis, nuestro enemigo más serio a largo plazo en Irak pueden no ser los extremistas iraquíes, sino el pueblo iraquí. ¿Pueden vivir juntos razonablemente disgustados al comienzo, y luego estar razonablemente contentos? Si lo logran, seremos la partera temporaria de Irak, ayudando a dar nacimiento a su democracia. Si no lo logran, siempre seremos la nueva y disgustada niñera, y la antigua —Saddam Hussein— se reirá de nosotros en todo el trayecto hasta la horca.

(Tercera nota de una serie de cinco)

© "The New York Times"

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