BOGOTA | AFP
Los colombianos dieron un fuerte espaldarazo a los candidatos independientes o de izquierda en las elecciones regionales celebradas ayer, en que el resultado más notable fue el triunfo del ex sindicalista Luis Eduardo Garzón en Bogotá.
Garzón, de 52 años, quien se convirtió en el primer representante de la izquierda en llegar a la alcaldía de la capital colombiana, logró un 47% de los votos, dejando muy atrás al independiente Juan Lozano, un defensor a ultranza de las políticas del presidente Alvaro Uribe.
El triunfo de Garzón acabó de completar un fin de semana negro para Uribe, quien se había jugado entero por un referéndum celebrado la víspera y que —a falta de escrutar un 2% de los votos— parecía haber naufragado.
EL PEOR ESCENARIO. Los analistas políticos habían señalado que el peor escenario posible para Uribe durante el fin de semana electoral era una derrota del referéndum el sábado y una victoria de Garzón el domingo.
Garzón, quien el año pasado participó en la presidencial ganada por Uribe, se había convertido en el principal crítico de su gobierno.
La saga de los independientes se completó con el triunfo del matemático Sergio Fajardo en Medellín —segunda ciudad del país— y la tendencia favorable a Apolinar Salcedo en Cali, tercera ciudad en Colombia. Salcedo, ciego de nacimiento, participó por movimientos cívicos.
Esta elección "va a marcar el renacimiento de nuevas fuerzas políticas territoriales, muy grandes y de mucha trascendencia y va a forzar una reorientación del mapa político electoral", indicó el analista independiente Pedro Medellín.
Las elecciones regionales se realizaron en medio de un clima de intimidación de los grupos armados en varias regiones del país y tras una campaña electoral que dejó un saldo de 29 candidatos asesinados y más de una cincuentena de renunciantes.
DURA CAMPAA. Ayer se elegían alcaldes y concejales en 909 de los 1.098 municipios del país. En 184 municipios no hubo elecciones porque sus mandatarios no terminaron todavía su periodo y en otros ocho —ubicados al Sur y Este— por problemas de orden público derivados de la intimidación de los grupos guerrilleros.
Ese clima de intimidación fue vivido durante la campaña: 13 aspirantes a alcaldías, 15 a concejos municipales y uno a gobernación fueron asesinados, mientras que 50 candidatos renunciaron tras fallidos atentados en su contra o por amenazas de muerte.
Ante la imposibilidad de la Fuerza Pública de proteger a los más de 75.000 aspirantes a los distintos cargos, algunos debieron desarrollar su campaña proselitista casi en secreto y otros se limitaron a promover su nombre desde la casa, por teléfono.
Este domingo, sin embargo, el ambiente fue de calma en contraste con la violencia vivida la víspera.
Las elecciones regionales se realizaron en un momento en que el país pasa por una enorme transformación política, marcada por el declive de los grandes partidos políticos, el Liberal y el Conservador, en favor de movimientos independientes.
Referéndum de Uribe al borde del fracaso
BOGOTA
Faltando por escrutar un puñado de votos, la mayor parte de las reformas políticas y económicas contenidas en el referéndum promovido por el presidente Alvaro Uribe se encuentran a punto de hundirse en medio de una inmensa abstención.
De confirmarse el resultado negativo, sería un revés para el mandatario, que goza de un inmensa popularidad después de 14 meses en el gobierno.
El gobierno habría obtenido en principio la aprobación de cuatro reformas importantes, pero perdió otras, algunas de ellas claves para sanear la economía.
La reforma del Congreso, que incluye la reducción en un 20% del número de legisladores y la eliminación de las facultades de los legisladores de manejar su propio presupuesto y celebrar contratos, no alcanzó el 25% del censo electoral y por lo tanto no fue aprobada. Esta fue una bandera de la campaña electoral de Uribe.
Para el gobierno, el mayor golpe es el casi seguro hundimiento de la reforma que congelaba los gastos del Estado, incluyendo los salarios y pensiones de la burocracia de medianos y altos ingresos y la que eliminaba o reducía los entes estatales con lo que el gobierno aspiraba a ahorrar 7.000 millones de dólares en los próximos 7 años.
Uribe había advertido que el fracaso de esta reforma obligaría a tomar duras medidas en materia económica, pues el país tiene un alto déficit fiscal superior al 2,6% del Producto Interno Bruto (PIB), no cuenta con recursos para pagar a un millón de jubilados y está en aprietos para atender el servicio de la elevada deuda externa de 38.000 millones de dólares. AP