Los intocables

Jorge Savia

Más allá del efecto que nace de la imponencia y la belleza que maquillan y resaltan la apacibilidad y el orden en medio de los cuales transcurre su vida diaria, Chicago encierra un particular encanto. Esto es, el visitante puede llegar a creer que la impresión inicial es producto de su imaginación, alimentada por el cautivante manejo del marketing turístico y la nostalgia de los que hacen gala los tours urbanos que recorren en ómnibus acondicionados con audio de balazos, tableteos de ametralladoras y gritos de operativos policiales —los lugares donde cayó muerto Dillinger— y se popularizaron las andanzas del escuadrón de guardias federales liderados por Elliot Ness: "Los Intocables". Pero la llamativa reiteración del ritual de los domingos en los restoranes de cocina italiana, donde familias de numerosos integrantes almuerzan con las pañoletas negras cubriendo las canas de las abuelas y las servilletas sujetadas en los nudos de las corbatas de los padres y los hermanos, afirma la idea de que es una realidad, y no una fantasía, el hecho de que no son pocos los que velan con sus costumbres la perpetuidad de la llama del legendario pasado.

Allí, entonces, es donde juega hoy la selección de Carrasco. Es un amistoso, claro. Tampoco estará en la cancha el equipo celeste que está jugando las Eliminatorias para el Mundial de Alemania. Pero, por eso mismo, y fundamentalmente por el rival que estará adelante, hay que tener cuidado.

Carrasco ha dicho que México jugará presionado, sobre todo por la polémica que origina la gestión del técnico argentino La Volpe, que entre otras cosas es permanentemente atacado por un ídolo popular como Hugo Sánchez. Y es cierto. Ese estado de situación es incontrastable. Pero no lo es menos, también, y cabe recordarlo, que las características del fútbol mexicano han sido, tradicionalmente, algo así como "la horma del zapato" para la mayoría de los equipos uruguayos.

El tema no pasa por si México es o no hoy la quinta potencia de mundo, como lo ubica el ranking de la FIFA y lo discuten los propios mexicanos. Como no pasa tampoco porque, en un caso o en otro, las estadísticas de su figuración en los mundiales, y de la propia participación de su selección en la Copa América y de sus equipos en la Libertadores, señalan que el fútbol mexicanotiene una vigencia superior a la del fútbol uruguayo desde hace años a esta parte. Pasa por una cuestión de estilos. México tiene, siempre, en cualquier caso, un fútbol rápido. De mucho ritmo. Dinámico. Y así como a Brasil, por ejemplo, habitualmente le ha costado más enfrentar a rivales como los equipos nuestros, cerrados en zona por delante de su área, a los uruguayos les cuesta más enfrentar a adversarios como los mexicanos que, además, y muy especialmente en partidos como el de hoy, donde no se juega nada, son capaces de "sacar la pizarra" y pintarle la cara a cualquier oponente que se les ponga adelante.

De manera que está bien salir a tratar de imponer la "ley de Carrasco", porque es un amistoso y ese es, al fin y al cabo, el estilo de Uruguay en los días actuales. Pero, ojo: tampoco hay que exponerse a la posibilidad de que nos llenen de agujeros, como solían hacer "Los Intocables" en aquellas balaceras que simbolizaron una época que hoy Chicago se resiste a desconocer como parte de su mítico pasado.

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