Seguí el consejo de Juan Martín Posadas, y leí y atendí a las declaraciones del asesor presidencial Dr. Carlos Ramela Regules en "Búsqueda" y en "Agenda Confidencial". Conozco bien al Dr. Ramela y puedo asegurar que es una extraordinaria persona y un notable abogado. Pero no lo veo político.
Ramela dijo cosas que comparto y otras que no. Nos pareció decepcionado de su experiencia en la actividad, interpretamos que por lo que creyó que podía hacer Batlle y no hizo, en parte porque falló, en parte porque no lo dejaron. Me parece que sobredimensiona lo primero, y se equivoca en algún aspecto clave en lo segundo. Dejo de lado su admiración por la persona del Presidente, en lo que no le puedo discutir si sus esperanzas tenían fundamento porque él conoce al personaje muy de cerca y yo sólo su actuación pública, lo que no me permite superar determinados límites en las conclusiones. Pero sí creo que debió tomar en cuenta que Batlle fue un Presidente de segunda vuelta, que su sector fue minoría dentro de su Partido, y que sin coalición no hubiera podido gobernar. Limitado así no tenía mucho espacio para imponer sus ideas. Y la política, mi amigo, es la política. Es lucha por posiciones de poder, que son muy difíciles de alcanzar y que una vez conseguidas hay que hacerlas rentar, en el buen sentido de la palabra, para mantenerse en el poder o para conseguir más poder. No hay tantas excepciones. Wilson hubo uno solo y pudo permitirse ciertos lujos, pero precisamente porque era Wilson. Ese condicionamiento era demasiado severo como para esperar tanto del Presidente, debiéndose además computar el margen inevitable que se le debe conceder a un ser humano para equivocarse. Primer error entonces, creer que el hombre está por encima del sistema. Si lo hizo, sobredimensionó al hombre. El sistema traba, pero no porque sea malo, sino porque las posiciones de poder son compartidas y nadie se regala. Y vaya mi saludo a las grandes personalidades políticas que conocí y conozco.
Además Ramela se equivoca si cree que una apertura hacia la izquierda por parte de Batlle o de cualquiera hubiera sido factible. No es esta una visión maniquea de la realidad, sino que se trata simplemente de distinguir lo posible de lo imposible. La izquierda uruguaya es como el carpincho, no le entran ni las balas. Es que no podemos concebir ni que Batlle mismo se engañara así. Me resisto a admitir que la creación de la Comisión para la Paz respondiera a esa finalidad, porque si así fuera, se habría regalado una bandera que no es patrimonio político de nadie, y porque valorizo mucho más la intención si la atribuyo a una respuesta a la exigencia de un imperativo ético del Dr. Batlle. Adviértase que a la Comisión nadie le puso obstáculo alguno, y cumplió cabalmente con su cometido, porque más lejos de lo que fue no podía ir. No le dieron ni las gracias, como era de esperar. Sin embargo, la izquierda siguió aferrada a su cultura del NO en todos los terrenos en que pudo expresarse. ¿Cómo se puede pensar que un aporte de la izquierda podría sacar al país de ese empate trágico y de esta división insuperable en dos bloques, cuando es notorio que la que vive inmovilizada es la propia izquierda porque allí mandan los menos? ¿Cómo se puede calificar como producto de una "radicalización de posiciones" las actitudes de los Dres. Sanguinetti y Lacalle frente a la izquierda, si la que está radicalizada es la izquierda misma y ejemplos sobran bastando para acreditarlos los éxitos de los extremistas en todos los recientes conflictos sindicales y estudiantiles.
El inolvidable "Mongo" del Campo cuando asumió como Presidente de la AUF advirtió que tenía epidermis de doncella. Para aguantar ciertas cosas hay que tenerla de elefante. Y entre los que no son del ambiente, no abundan.