UNA significativa foto apareció en nuestras páginas al principio del presente mes. En ella se registraba el desplazamiento de una larga caravana de automóviles, camionetas y micros por un camino, aparentemente vecinal, mientras era observada a pequeña distancia por numerosos hombres a caballo, uno al costado del otro.
Lo curioso del caso es que la caravana de vehículos estaba organizada e integrada por los publicitados "campesinos sin tierras" de Río Grande del Sur.
Los jinetes, en cambio, representaban a terratenientes brasileños, cada vez más preocupados por la ocupación ilegal de sus propiedades realizadas por el Movimiento de los Sin Tierra (MST) que, ahora, ante su vista, desfilaba desafiantemente.
Esta situación lleva años de iniciada y tiende a ser explosiva: en el 2002 hubo 103 ocupaciones; en el primer semestre del presente año hubo más ocupaciones (114) que en todo el anterior.
OBVIAMENTE, el problema se le está escapando de las manos al presidente "Lula" Da Silva pues sobrepasa todas sus promesas preelectorales y todos los planes esbozados para asentar a esas familias ya que el presupuesto destinado a la reforma agraria fue reducido de 160 millones de dólares a 60 millones de dicha divisa.
¿Qué puede suceder, entonces?
No es difícil vaticinarlo: la invasión de tierras privadas, si no es detenida por las fuerzas del orden, continuará en ascenso, pero, también, el clima de violencia se incrementará. En efecto, los hacendados se han organizado en el Movimiento Nacional de Productores (MNP) el cual, ante la falta de amparo por parte del gobierno, ya habla de recurrir a cuerpos de autodefensa para poner a sus propiedades y a sus familias a cubierto de eventuales invasores.
Todo puede ocurrir, pues, en este rico y pobre Brasil. El presidente "Lula" tiene que enfrentar serias disidencias en su propio Partido de los Trabajadores, que quizás lleven a su fragmentación. Y, por añadidura, y para empeorar las cosas, el líder del MST ha declarado que "no vamos a dormir hasta haber acabado con nuestros enemigos, los terratenientes".
SON palabras muy fuertes. Si cada grupo económico o social toma las armas para defender su "chacrita", si el sentimiento corporativo predomina sobre el nacional, entonces todo puede volverse incontrolable. La anarquía encontraría un campo más propicio para su desarrollo, la guerra civil no sería impensable ni, tampoco, el agudizamiento de ciertas tendencias separatistas, subyacentes en varios Estados brasileños. De cualquier manera, la primera víctima de ese desquicio sería la democracia vigente en el país hermano, lo cual, a su vez, tendría consecuencias catastróficas para el Mercosur y para el resto del continente.
RECAE sobre los hombros del presidente brasileño una enorme responsabilidad. No sabemos si la podrá superar, dadas las complejidades de la política norteña. Hasta ahora ha demostrado poseer una habilidad extrema para moverse en el escenario doméstico y también en el internacional. Ha estado a la altura de las circunstancias apoyado en una mente ágil, despierta y abierta y en propósitos bien inspirados. Pero, a pesar de su innegable carisma, de su firme popularidad y de su claridad de ideas, se yergue ante él un peligro interno que es el que verdaderamente pone en jaque a su futuro.
Nos referimos a la amenaza procedente del ala radicalizada del PT que, cada tanto, le recuerda sus promesas previas y le exige su cumplimiento, pese a quien pese, y aunque las mismas estén alejadas de la realidad presente.
La brecha, o, mejor, el abismo existente entre lo deseable y lo posible, entre lo que se reclame airadamente desde la oposición y lo que se puede llevar a cabo desde el sillón presidencial, no se puede ignorar. La actitud a adoptar es muy distinta si se piensa en base a utopías o a buenas intenciones o a la falsa creencia de que la riqueza es decretable que si se piensa en base a números concretos. En ese inevitable abismo se precipitan las mejores intenciones pues allí suenan, con más vigor y realismo las voces de los ministros de Economía que la de los ideólogos.
EL presidente "Lula" Da Silva tiene la oportunidad de profundizar una de las más amargas experiencias del Dr. Salvador Allende. El Gral. Seregni la difundió en nuestro país, después de haber recibido la reflexión correspondiente de labios del entonces primer mandatario chileno.
En resumen, respetamos lo esencial del concepto emitido. El Dr. Allende dijo: "Cuídese de la ultraizquierda".
Quien tenga oídos para oír, que oiga.
¿Otra pirueta?
Al doctor Tabaré Vázquez y su entorno parecería que se les hace necesario buscar, constantemente, fuera de fronteras, figuras paradigmáticas a las cuales sueñan con emular.
En algún caso esto fue calamitoso. Como cuando quisieron engancharse a la figura de Fernando de la Rúa antes de que su presidencia derivara hacia el desastre.
Ultimamente, sus afectos parecen oscilar entre el presidente venezolano Hugo Chávez y el presidente de Brasil.
Ahora bien; el presidente Lula ahora está adoptando políticas que rechinan con todo lo que dijo antes de ser elegido. No decimos que estas políticas sean desacertadas. Lo que no vemos es cómo harán Vázquez y sus amigos para dar la pirueta necesaria a fin de desvincularse de las acciones presidenciales brasileñas o para justificarlas, sosteniendo, al mismo tiempo, que ellos son auténticos revolucionarios.