Delanteros

Allá por fines de la década de los sesenta, Bella Vista le dio un baile de novela a Peñarol pero no le pudo hacer un gol. Terminado el partido, Luis Víctor Semino le decía a "El Pulpa" Etchemendi, entonces técnico papal, que su equipo había jugado bien pero que le faltaron delanteros. "Pero Semino" protestó "El Pulpa" "los delanteros en el mundo son como la democracia en estos países, se están terminando ¿qué quiere que haga yo con mi cuadrito?" "El Pulpa", un genio, fue además un visionario. Hoy los delanteros siguen escaseando, pero hablemos de los cortes delanteros de la vaca hecha en res, colgada en el gancho de la carnicería. El aumento de la carne, ya no sé en qué porcentaje, ha sido salvaje. Riámonos de los combustibles y crucemos los dedos. Como éramos pocos, parió la abuela. Un pueblo como el nuestro, al que de golpe y porrazo le pasó y aguantó todo, ahora tiene que mirar los cortes en los escaparates de los supermercados como si fuera en el cafetín de Buenos Aires, con la ñata contra el vidrio. La carne es un alimento caro en todo el mundo. Pero en el Río de la Plata, era nuestro alimento de lujo por nutritiva y accesible a todos. Ahora descubrimos que la dieta habitual de los uruguayos era peligrosa para la salud porque al comer demasiada carne absorbemos muchas grasas y eso es malo para los lípidos, el colesterol, los triglicéridos y todas esas porquerías que nuestro instinto sadomasoquista nos induce a controlar periódicamente y que nunca dan todas bien. Conocí una eminencia médica quien a su retiro, cuando le transmitía mi preocupación, me advirtió mientras cortaba un riñón bien jugoso para mandárselo a bodega: "muchacho, tené cuidado con esos análisis, te van a volver loco..." El pasó los noventa. Le hice caso, y ahora saldrá Maggi a recriminármelo, pero volviendo al tema, el hecho es que la carne tiene calorías, alimenta, y es fundamental por eso mismo en el pico del rigor del invierno, para los niños, los enfermos y los ancianos. Pero a ciento veinte el quilo de cuadril, o de las pulpas, la población en general no llega. Entonces los que puedan tendrán que conformarse con los cortes delanteros, pese a que la aguja ya está a treinta y siete, y la picada a setenta. El proceso viene así: la gran mayoría de los compradores de cortes traseros, ahora irán a los delanteros, y los que apenas llegaban a los delanteros tendrán que pensar en esas pelotitas de alimentos sintéticos que comen los perros. El Presidente de INAC advirtió que el Estado no va a intervenir en un proceso que es natural del mercado por lo que habrá que conformarse con los sustitutos de la carne. ¿Pero de qué está hablando? El cerdo va a subir también, y lo mismo el pollo, que además es otra cosa. ¿Cuesta tanto importar carne argentina o formar stocks reguladores para aguantar este tiempo de privaciones? Ante emergencias así pues al cuerno con el mercado y que en sustitutos piensen los adolescentes, no quienes tenemos nuestras costumbres y bien adecentadas.

Es tiempo de ingenio. A quienes lleguen les aconsejo la aguja sin hueso que cortada a la pajarita queda buenísima. También la picada en la sartén con poco aceite, o como relleno de empanadas o tortas o base de diversos guisos. Y por supuesto, el puchero, porque la falda ha de estar accesible. No hay que tenerle miedo, como le pasa a un grupo de amigos que nos mandamos uno por año y que ahora rehúyen, manga de flojos. Y una vez por mes, podremos darnos una fiesta con una tirita de asado flaco y jugoso, que aunque a cincuenta el quilo será una inocente canita al aire, sólo para no olvidarnos del gusto.

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