Doble discurso

Mientras el Frente Amplio exacerba sus reclamos de canastas tarifadas, aumentos salariales, protección del mercado interno y su sensibilización frente a los ingresos menguados, desempleo y caída del poder adquisitivo de la gente, en el mismo instante ordena, en forma más que precisa, la salida de una jauría de inspectores municipales a la caza de algún contribuyente que pueda estar padeciendo alguna de esas acuciantes situaciones y no pueda estar al día con la Patente Municipal.

Más aun, los reclamos que desde esas mismas filas se escuchan por las irritantes multas que imponen organismos y empresas públicas al retraso en el pago de sus facturas, se transforman en claramente irrisorios si comparamos aquellas con las que impone el sensible y progresista gobierno de la Ciudad de Montevideo que, a diferencia de OSE, Antel o UTE, obligan a sus gobernados inmersos en una crisis sin precedentes, a una triple imposición tal cual me fuera informado amablemente por un operario del Fonotributo Municipal 1950.

La primera es un recargo por atraso del 1.5 por ciento diario, la segunda es un plus del 3 por ciento mensual que, si el no contar con el dinero lo lleva a Ud. a atrasarse sólo un mes, tendría el módico recargo del 18 por ciento que proyectado daría la incomparable y usurera tasa del 216 por ciento anual. Progresista ¿no le parece?

Pero hay más; porque si Ud. se encuentra dentro de los damnificados por la crisis, recurrentemente defendidos por la fuerza política que gobierna en Montevideo, tendrá una reconfortante y tercera obligación que no es otra que una popular y participativa multa que oscila entre un treinta por ciento a la mitad del atraso de su patente. Muy cordialmente, un compañero inspector municipal le entregará una simpática boleta color verde esperanza que servirá como igualitario incentivo al salario obrero de este servidor público que no baja, en ninguna hipótesis, de los veinte mil pesos al mes.

Del Frente Amplio podríamos describir mil y una contradicción, desde los ajustes salariales defendidos y despreciados en simultáneo en todo el ámbito nacional menos en la propia Intendencia, o sus políticas de concesiones aplaudidas y plebiscitadas a la vez. Pero no hay actitud palpablemente más hipócrita que la voracidad con que los subordinados del intendente Arana salen a la calle casualmente siempre al regreso de un placentero viaje.

Ni carteles de ceda el paso, pare, semáforos en rojo, preferencias, o escuelas inmutan a estos custodios de las normas de tránsito a dejar de observar las cuadernolas que, por lo expuesto, empujan a los más indefensos conciudadanos a la certera muerte civil, provocando un estado de anarquía vial en las calles de nuestra Capital, constituyendo una flagrante omisión de sus responsabilidades como rectores en el cumplimiento de nuestros derechos como peatones, ciclistas o automovilistas y que por imperio de la casualidad no ha provocado todavía una desgracia.

La coherencia entre los dichos y las acciones son condición indispensable para la credibilidad de la política. Por eso se ofende la inteligencia de los ciudadanos cuando demagógicamente se intenta utilizar políticamente sus padecimientos y, simultáneamente, por circunstancias derivadas de esa misma situación, se lanzan a la calle los aparatos represivos a su disposición con el objetivo de perseguirlos y penarlos.

No dudamos que la objetividad de estos hechos obligarán a la reflexión de gobernantes y gobernados.

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