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Fernando Henrique Cardoso.Ex presidente de Brasil
"El programa de Lula contra el hambre es demagógico"
Primer reportaje con un medio latinoamericano desde que dejó el poder

SAN PABLO | LUIS ESNAL

"LA NACION". gda

Fernando Henrique Cardoso, que entre 1995 y 2002 puso a Brasil en la órbita de las naciones con alguna influencia en el mundo, conversó con "La Nación" sobre la Argentina, el papel de Brasil en la región, el gobierno de Lula, las dificultades para la integración regional, Estados Unidos y el ALCA.

En la entrevista, realizada en un edificio de la tradicional avenida Paulista, en la sede provisional del que será el Instituto Fernando Henrique Cardoso, el ex jefe de Estado de Brasil elogió al presidente Néstor Kirchner. "Ya logró lo que era más importante para la Argentina: recuperar la confianza en el país. Porque yo siempre insistí durante todo este tiempo, en cualquier parte del mundo en que estuviera, que era un error considerar a la Argentina un caso perdido".

Tiene 72 años y aparenta una década menos. "No fumo, bebo sólo en las comidas y nado", dijo, explicando su fórmula. Su jovialidad, en cambio, parece reposar en un sentido del humor a prueba de todo, plagado de ironías. "Estuve escuchando el discurso de Lula sobre las reformas (jubilatoria y tributaria). Parece escrito por mí", comentó, y soltó una carcajada.

El ex presidente continúa hablando con los líderes del mundo como si aún fuera presidente. Con Bill Clinton conversa con frecuencia, y la entrevista con este medio debió interrumpirse por instantes para que pudiera atender las llamadas de presidentes latinoamericanos, porque tiene como misión coordinar la próxima Cumbre Iberoamericana. Mientras tanto, prepara no un libro de memorias —"son muy aburridos"—sino de "diálogos", en los que intercala ideas de grandes pensadores y filósofos con su visión práctica del poder.

A pesar de que asegura que no será más candidato a nada, en el Partido Social Demócrata se insiste en que, si el gobierno de Lula no resulta un éxito, en 2006 el candidato sería él.

—Usted siempre defendió un cambio en la arquitectura del sistema financiero internacional. ¿Qué piensa de la medida tomada por el gobierno de Kirchner, de restringir los capitales "golondrina"?

—Como medida de defensa temporaria, la veo razonable. Pero sin dificultar la salida, porque, si no, no viene nadie a invertir. Yo insistí mucho en la arquitectura financiera, pero quedé aislado. Nadie quiso meter mano en eso, porque asusta a los gobiernos.

—¿El Fondo Monetario Internacional no se volvió anticuado con sus recetas?

—Es injusto decir que el FMI no ha modificado sus políticas. El FMI se equivocó en algunos lugares, se equivocó en Indonesia, se equivocó en la Argentina. Pero no se equivocó en Brasil (el FMI le concedió a Brasil un crédito de más de 70.000 millones de dólares y el gobierno de Lula aún recibe cuotas del mismo).

—¿Cómo evalúa al gobierno de Néstor Kirchner?

—Kirchner ya logró lo que era más importante para la Argentina: recuperar la confianza en el país. La Argentina no es un "caso perdido". El país estaría en un callejón sin salida si aún viviera en el descrédito total. Conozco superficialmente al presidente Kirchner, pero creo que es importante lo que él logró hacer en este momento. Debo decir también que el ex presidente Eduardo Duhalde hizo lo que nadie creía que pudiera hacer. La Argentina demostró que tiene capacidad de rehacer la política.

—¿Qué papel le queda, en el mundo globalizado, a naciones capitalistas periféricas como las nuestras?

—Brasil y México sacaron músculos con la globalización. Aquí había democracia, mercado, tecnología, universidades, y eso atrajo inversiones. El Brasil de los últimos 20 años cambió mucho. La sociedad está más organizada y las instituciones existen. ¿Por qué insisto con la integración de Brasil y la Argentina? Porque si logramos un flujo mayor, tenemos más oportunidades de éxito. Brasil solo, por el tamaño de su mercado, tiene posibilidades de éxito. La Argentina, sola, no tiene ninguna. Con la globalización, algunas naciones empeoraron y otras tienen más oportunidades. Venezuela, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Perú, todas empeoraron. Y la propia Argentina.

—¿Usted se enorgullece cuando acusan a Lula de estar continuando su gobierno?

—(Ríe) No me enorgullece, pero es interesante...; me criticaron tanto.

—El gobierno suele responsabilizarlo de haber dejado una "herencia maldita".

—No culpo al gobierno de Lula de que pueda haber bajo crecimiento este año o el próximo. Pero las tasas de interés subieron mucho el año pasado por el modelo de ruptura (atribuido al PT). Cuando ellos dicen "herencia maldita", deberían ver que la parte "maldita" fue generada por las incertidumbres que causaban las amenazas del PT. Yo no creía que fueran a hacer nada heterodoxo, pero afuera sí. Si no fuera por eso, hubiéramos tenido este año un nivel de crecimiento mayor.

—El programa Hambre Cero puso a Lula en el centro de la atención mundial...

—Porque tiene gancho. Es demagógico. Alertar por el hambre es bueno, pero alertar y no resolver es gravísimo. Hambre Cero es un slogan, pero ése no es el problema. Casi todos los chicos brasileños están en la escuela y todos comen. El gobierno tiene que avanzar con la universalización del acceso a los servicios sociales, con educación y salud para todos, y focalizar en los bolsones de pobreza. Tiene que tener políticas sociales más competentes. Hasta ahora no descubrió el camino en ese tema. Espero que no destruya lo que ya fue hecho.

—¿El ALCA es inevitable?

—En otras épocas hubo mayor interés por parte de Estados Unidos del que hay ahora. Este fue un proceso lanzado por Clinton, en 1994. No sé hasta qué punto Estados Unidos desea avanzar con las negociaciones. Es un interés "cosmético".

—Se dice que Lula se lleva mejor con Bush de lo que se llevaba usted.

—Lo sorprendente es eso: que Lula cambió mucho de posición acerca del ALCA.

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