No hace mucho ya parado en la tribuna me sorprendió ver y oír, que a pesar de haber ganado su club, Nacional, un hincha ya veterano se dirigía en tono vehemente y actitud crítica a otro correligionario tricolor.
Me sorprendió el tono áspero, agresivo de aquel hincha tricolor porque su equipo, no sólo había ganado, también ese día jugó bonito.
¿Caliente por qué, pensé?
Curioso, enlentecí mi retirada para poder escuchar mejor la arenga del veterano bolsilludo que parecía pasado de tibio.
A medida que fui escuchando, fui entendiendo. Efectivamente aquel señor bolso estaba bastante calentito, pero no con Nacional o su rival, ni con los jugadores de uno u otro equipo. Ni siquiera con el juez como suele suceder.
Luego de escuchar un rato entré a comprender.
El veterano estaba indignado, molesto, algo así como ofendido con el fútbol, con su organización profesional y "vintenera" como reiteradamente la llamó.
—¿Te das cuenta? casi le gritó a su viejo amigo y agregó: cuando viene un jugador joven, casi desconocido a mi club uno lo va semblanteando, brujuleando.
—Si el botija de entrada, calladamente, mete y mete, sin miedo a la fatiga o a las rudezas, uno lo empieza como a tomar en serio y respetar, agregó el veterano.
—Si luego resulta que juega bien siempre, o casi siempre, al respeto inicial se le arrima como una especie de simpatía. Pero ahí no termina esa evolución sentimental. Si el muchacho sigue metiendo y metiendo, jugando cada vez mejor, rindiendo más y más, cuando ya hasta los rivales lo respetan, el hincha entra en una especie de ansiedad galopante: no puede esperar más, quiere verlo jugar un clásico, que es cuando se aprecia a los que realmente sirven.
El muchacho es Vanzini.
Todos sabemos el resto de esta historia, Vanzini fue durante su actuación en Nacional un buen jugador, pero sus mejores performances siempre se vieron en los clásicos, cuando más duele perder y más alegra ganar.
Por eso el bolso veterano aquel día estaba caliente con el "profesionalismo vintenero" que permanentemente se sigue llevando los mejores jugadores, por un "puñao de parné".
En cambio, estoy seguro, no se enojó con Vanzini porque ha de comprender que la vida útil de un jugador profesional es breve y hay que aprovecharla y además, porque, como él lo dijo, "siempre jugó muy bien contra Peñarol, y eso importa".
Seguramente ya más tranquilo, como despidiendo a un amigo ha de haber pensado: "Vaya, vaya tranquilo ‘Palo’, usted será un ‘Palillo’ pero deja entre nosotros un recuerdo del tamaño de un ombú".
GERARDO MLLER GARCIA