En noviembre 22, en San Ramón, Canelones, también el nacionalismo secundaba la organización activa y rebelde y se constituía el Club "Comandante Vázquez" a iniciativa de Juan Francisco Vázquez, Alejandro Piovene, Vicente Lissardy, Robustiano N. Fuentes, Avelino Fontes, Liborio y Rufino Montenegro y otros prestigiosos blancos.
Un día después, Aparicio ordena a un grupo que estaba concentrado en El Cordobés, salir rumbo al Paso de Pereira del Río Negro, donde él se les incorporaría el día 25.
El 24 había sido fijado como la fecha para terminar con los últimos preparativos para el pronunciamiento revolucionario y en Minas era reducido a prisión el coronel Celestino Corbo. Chiquito Saravia había mandado a su yerno, el capitán Ramón López, por la Cuchilla Grande para invitar algunos compañeros. El Comandante Polonio Clavijo tenía instrucciones para pronunciarse en Cuchilla del Carmen. Por su parte, Pancho Saravia y Benito Viramonte se pronunciarían en Tarariras.
Veamos la distribución. El coronel Oviedo operaría en Tacuarí; Antonio Mena en Fraile Muerto; Pedro Sánchez en Avestruz Grande, Treinta y Tres; Eusebio Carrasco y Lidoro Pereira en Durazno y Francisco Castro en Mansavillagra, Florida.
Para asistir a la reunión a efectuar en Coronilla, Aparicio llegó a la tarde, al frente de 80 hombres. Nada encontró allí, de lo prometido. Ni hombres ni armas. La policía no había permitido se efectuara la asamblea proyectada a pretexto de fundar el Club "Vargas-Valdez".
Las armas prometidas por los coroneles brasileños Azambuya y Secero no llegaron a destino.
El día 26, Chiquito acampa en Fraile Muerto al frente de 200 hombres.
La situación ese día, de las fuerzas revolucionarias, se podía resumir con Aparicio y el Cnel. Carrasco y 323 hombres en Piedra Alta; Chiquito, como decíamos, en Fraile Muerto; el Cte. Adán de la Torre y el mayor Antonio Galarza, con 50 hombres armados y municionados, en Aceguá; el Cte. Pedro Sánchez y el mayor Santos Pereira, con 45 hombres que salían de Avestruz Grande; los Comandantes Francisco Castro y Abdón Villa, con un núcleo de amigos, esperaban en Mansavillagra; el capitán Juan Muñoz con un escuadrón de 80 hombres, por El Cordobés.
El 28, en Las Palmas, Aparicio recibe la incorporación de Juan y Basilio Muñoz y toma rumbo hacia Sarandí del Yí. En el trayecto, llevando como baqueano a Zenón Crosa, se le incorpora Lidoro Pereira y el periodista Arturo Salom. Esa noche campó en la punta de los Molles y Malvajar.
El 30, Aparicio resuelve la toma de Sarandí del Yí, con la finalidad de obtener algunas armas. Es Viramonte el encargado de llevar adelante la acción. Luego de escarceos y balacera, el propio Aparicio entra solo hacia el centro del pueblo y exhorta a los sitiados a que se entreguen, asegurando que sus vidas serán respetadas. Así sucede y se logran 25 carabinas Remington con 200 tiros.
El 1º de diciembre, se suceden encuentros con las fuerzas gubernistas en las inmediaciones de Illescas. Varias bajas nacionalistas y unos cuantos heridos es el resultado. Mientras tanto, Saravia en Mansavillagra, esperaba un tren salido de Montevideo pero interceptado por fuerzas gubernistas, no llegó a destino sin aportar las armas que se esperaban.
El día 3 Saravia resuelve la terminación de su cruzada revolucionaria. En una última carga a lanza, las fuerzas blancas se retiran hasta la Estación Illescas. Aparicio, disolviendo su columna en las puntas del arroyo Las Pavas, se internó en los quebrados de Treinta y Tres.
Así terminaba esta heroica etapa de 1896. Habían quedado demostradas las condiciones de Aparicio de guerrillero y jefe, las que se constatarían en apenas tres meses cuando, el 5 de marzo daba comienzo la más pura de las revoluciones entre orientales.