Como ocurrió en otras ocasiones en la historia de Medio Oriente, el nuevo proceso de paz en la región puesto en marcha esta semana tiene como protagonista a una "pareja" árabe-israelí, los primeros ministros israelí Ariel Sharon y palestino Abu Mazen, asociados-enemigos que parecen haber decidido abandonar el campo de batalla y unirse para poner fin al conflicto. De este modo, el proceso iniciado en Jordania se suma a una larga lista de fenómenos similares, en los que participaron los binomios Menajem Beguin-Anuar el Sadat (paz israelí-egipcia, 1978), Yitzhak Rabin-Yasser Arafat (acuerdos de Oslo, 1993), y Rabin-Hussein de Jordania (tratado de paz israelí-jordano, 1994). La paradójica situación que llevó a los hombres de guerra a firmar la paz comienza con el presidente egipcio Sadat y el primer ministro israelí Beguin, que rubricaron en 1978 los primeros acuerdos de Camp David (Estados Unidos) para la paz israelo-egipcia. Los acuerdos de Camp David entre Israel y Egipto, apadrinados por el presidente de EE.UU. Jimmy Carter quebraron la barrera psicológica y el tabú reinante hasta ese entonces, que dividía a israelíes por un lado y a los árabes por el otro. Quince años después de aquel acuerdo, la situación volvió a repetirse. En esta ocasión el entonces flamante primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, firmó junto a Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), los acuerdos de Oslo que pusieron fin a la "intifada". Un año más tarde, el 26 de octubre de 1994, fue el rey Hussein de Jordania, quien firmó el segundo tratado de paz entre un país árabe e Israel, poniendo así fin a 46 años de conflicto. Hussein de Jordania no era muy querido por los palestinos ni por los sirios. Tanto Sadat como Beguin, en su momento, y Rabin, Peres y Arafat más tarde, fueron laureados con el premio Nobel de la paz por los acuerdos alcanzados para estabilizar Medio Oriente. Dos de ellos —Sadat en 1981, y Rabin en 1995— pagaron con sus vidas sus compromisos pacíficos, pues los dos fueron asesinados por extremistas de sus propios campos. AFP