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  - Editorial
Defensa de bienes culturales

HUBO una reunión internacional cuyo tema fue "Las industrias culturales en la globalización". Ese encuentro tuvo lugar en Buenos Aires y a él asistieron ocho secretarios de Cultura de distintas ciudades del Mercosur, además de varios funcionarios porteños. El propósito de la reunión consistió en debatir los métodos para que los países de la región sean capaces de defender su identidad y sus bienes culturales, necesidad cada día más imperiosa ante el avance de una globalización manejada desde los grandes centros de poder económico. Como se dijo en el encuentro, "la concentración de capital producida por las fusiones empresariales, resulta hoy más fuerte que los propios Estados". De las empresas que controlan esos inmensos capitales —y que a veces tienen más influencia que el propio poder político— depende la forma en que progresa la globalización cultural.

ESTA es una lucha de David contra Goliat por la preservación de la identidad de cada uno de los países en el nuevo mapa del mundo global" se dijo en la reunión. Con ello se aludía a las posibilidades de supervivencia de la industria editorial, la industria cinematográfica, la industria musical, la industria radial, la industria televisiva o la industria teatral de cada país (en medio de muchas otras industrias del ramo artístico) como defensoras del carácter y la cultura de un pueblo, frente a la creciente capacidad de penetración de sus competidoras que operan desde los mayores centros de irradiación. A escala uruguaya, cabe pensar en el futuro no siempre afianzado de los programas nacionales de televisión, la embrionaria actividad cinematográfica, la producción de videos o artesanías, la publicación de libros o la fabricación de prendas de moda, por poner ejemplos al respecto: las industrias culturales de un país débil y pequeño han estado casi siempre en desventaja frente a la competencia del exterior, pero esa desventaja podrá acentuarse ahora bajo la arremetida globalizadora.

EN lo esencial, el factor desencadenante de lo que suele llamarse globalización se apoya en "la teoría del libre juego de la oferta y la demanda, la libre circulación de bienes", una frase de significado aparentemente saludable detrás de la cual se oculta sin embargo una hilera de peligros: "si se accede a esa libre circulación de bienes, después será difícil legislar para proteger la producción local de ese mismo tipo de bienes, lo cual es grave porque no estamos en igualdad de condiciones" dijo en el encuentro el subsecretario de Gestión de Industrias Culturales del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, refiriéndose a la desproporción entre un gran país industrializado y una comarca del tercer mundo empeñada en una lucha que parece perdida de antemano: la defensa de sus industrias culturales frente a la embestida en la materia que proviene del extranjero.

IMPULSADA inicialmente por Francia y Canadá, la batalla por preservar la identidad cultural de cada nación ha llamado a "reorganizar una estrategia y formar en cada país un grupo de entidades de profesionales vinculados a las distintas ramas de la industria cultural, capaces de luchar por sostener una política de defensa de la identidad nacional". Ya existen nueve grupos de ese tipo en los dos países patrocinadores y en Argentina, Chile, México, Australia, Corea, Bélgica y Nueva Zelanda, aunque "se espera que pronto se incorporen Brasil, Uruguay y Paraguay en el marco del Mercosur". Las tareas emprendidas "tienen un plazo límite, que será el 1º de enero de 2005, fecha en que deberán concluir las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio fijando las políticas para todo el mundo".

SEGUN los defensores de la diversidad cultural, el desafío para enero de 2005 consistirá en lograr que "los países no pongan sobre la mesa de negociaciones los bienes culturales, demostrando que esos bienes no son uno más de los productos que pueden incluirse en la libre circulación que pregonan los poderosos", además de pelear para que "se reconozca a la Unesco como única instancia legítima para discutir sobre los productos de las industrias culturales". Sobre esa propuesta se expedirá la propia Unesco, también en el año 2005, aunque su combate con la Organización Mundial de Comercio podrá ser duro, cosa que siempre ocurre cuando una disposición de índole cultural afecta intereses económicos de cierta magnitud.

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