Uno de los pilares del sistema democrático, implícito en el moderno concepto de gobernanza, es que los ciudadanos dispongan de la información completa, clara y oportuna, requerida para tomar decisiones bien fundadas y racionales. Especialmente en el caso de sistemas de gobierno como el que existe en nuestro país, con sus importantes institutos de democracia directa. Sin duda, en un mundo ideal, cada campaña para la promoción de una consulta popular debería ser una oportunidad para que todos puedan embarcarse en un constructivo intercambio de ideas. Lamentablemente, en los últimos tiempos se ha podido apreciar un doble proceso. Por un lado, las campañas a favor del plebiscito del momento se distinguen por su superficialidad y el recurso a consignas más propias de un aviso publicitario para detergentes. Por el otro, quienes se oponen a la iniciativa, muchas veces evaden el debate, con la esperanza de que el silencio la frustre o, como sucedió en un caso reciente, sencillamente optan por capitular, una vez que se recogieron las firmas necesarias para iniciar el proceso de plebiscito.
En este momento se están recogiendo firmas para modificar el artículo 47 de la Constitución, referente a la protección del medio ambiente. Se propone agregarle un complicado texto adicional que regularía aspectos claves de la administración del agua en nuestro país. Esta iniciativa coincide con la celebración del Año Mundial del Agua Dulce, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Por esos motivos fue especialmente oportuno en Seminario "Agua, nuestra agua" organizado por el Instituto Manuel Oribe. La circunstancia de que el mismo se encuentre dentro de la gran vertiente de opinión que es el Partido Nacional, no impidió que participaran en el Seminario personas simpatizantes con otros partidos políticos (una tendencia civilizadora que también se ha apreciado en ocasiones similares convocadas por otros Institutos). El asistir y participar en un intercambio de ideas sobre un tema tan importante no significa necesariamente coincidir en todo. Pero si representa un aporte fundamental para la convivencia y la búsqueda de consensos constructivos que contribuyan al desarrollo sustentable en nuestro país.