El día anterior a que comenzara sus tareas la Comisión para la Paz, el domingo 13 de agosto del año 2000, con este mismo título y en este mismo lugar, el Dr. Washington Beltrán publicó un editorial formulando votos por el resultado de sus trabajos y por que sirvieran para sellar una pacífica convivencia entre los uruguayos así como el futuro del país. Las circunstancias hicieron que ese fuera el último editorial que escribiera, el que pasó a convertirse en una especie de testamento político, periodístico y personal, incorporándose a la serie de principios que nos legara, tanto por lo que dice como por lo que sugiere, y que renovamos diariamente con el dolor por su ausencia.
En momentos en que la Comisión para la Paz acaba de presentar su Informe Final, se entiende oportuno reproducirlo, rescatando lo que mantiene de vigente y comulgando con los mismos votos que él formulara al decir:
UN quebranto de salud, aún no totalmente superado, nos alejó momentáneamente de la actividad periodística. Pero como dijera Cervantes: "La pluma es la lengua del alma". Por ello queremos dar nuestra opinión sobre un tema que nos inquieta profundamente.
El pueblo uruguayo, nuestra sociedad, que asisten al normal funcionamiento de las instituciones desde hace quince años, siguen fracturados por el recuerdo, no esclarecido, de páginas umbrosas y sus consecuencias que antes vivimos. Aunque muchos ciudadanos son ajenos a esa remembranza por razones de edad, por tradición oral o periodística tienen idea de lo que ocurrió y se hacen partícipes de ese desgarrador sentir colectivo que ensombrece la rica historia democrática de nuestro país.
Por eso, el presidente Batlle recogió un auténtico reclamo popular cuando resolvió designar una Comisión, integrada por personalidades, la que mañana iniciará la ardua tarea, de intentar levantar el tenebroso velo que existe sobre ellas.
Es una estimulante decisión para obtener la paz. El declarado designio responde evidentemente al deseo que con sensibilidad, recoja una exigencia que persistirá, en la medida que las autoridades se abstengan de actuar y expongan, al respecto, su determinación.
Claro que la búsqueda, desde que es una unificada demanda colectiva, impone que ella se realice en un clima particularmente sólito, encalmado, pacífico, porque esta última calidad es la que se busca. Sin renovar el enfrentamiento. Sea cual fuere el medio que se utiliza para la confrontación.
EN razón de ello, las palabras injuriosas lanzadas por un cantautor, contra nuestros hombres de armas, que mereció la condena de todos los sectores del Parlamento, aparte de soeces son la negación del propósito patriótico sobre el que se constituye la "Comisión para la Paz". Se la entorpece en su marcha antes de iniciar su actividad, se conspira con desinhibida intención contra lo que importa al país entero, es decir, contra la patria misma.
La dimensión del agravio que escapa, por su magnitud, a todo calificativo, nos plantea esta interrogante. ¿Se quiere realmente que actúe con eficacia esta Comisión? ¿Que tenga el mínimo éxito en sus investigaciones o búsquedas? ¿O la bandera de los desaparecidos es precisamente eso: sólo un pabellón, que se alza para hallar motivo de agitación política, de estímulo de la efervescencia pública?
Los hechos dirán si nos encontramos ante una mascarada o sólo nos hallamos ante la irresponsabilidad de gratuitos ofensores.
FORMULAMOS votos para que esta Comisión obtenga el propósito que la ilumina. Extremo que sólo es posible si, reiteramos, la marcha de las actuaciones no se ven turbadas por protestas reivindicativas por este motivo o por recelos sensibilizados que interfieran en las patrióticas intenciones del cuerpo que inspiran su constitución.
Sabemos que la tarea será difícil, pero apelamos al anhelo comunitario que excomulga todas las polémicas que se interpongan en el abrazo de esperanza que reina en el pueblo oriental y que las investigaciones se realicen apaciguando las pasiones, extrayendo las simientes de los odios que se cultivaron y actuando ambos mandos con cristalina grandeza, no bloqueada por la naturaleza del propósito de encubrir.
De allí que, más que un petitorio, elevemos una oración para que, simultáneamente con las actuaciones de esta Comisión, se establezca una tregua, un período donde impere sobre el tema que la constituye una pausa.
Este compromiso debe involucrar a todos los uruguayos, no importa el partido o sector al que pertenezcan.
FINALIZAMOS este editorial con esta indagación. ¿Habrá que esperar que se resuelva el tema de los desaparecidos para que el Uruguay retome la senda económica y social?
WASHINGTON BELTRAN"