MIERCOLES 29 de enero de 2003- Año 85 -Nº 29266
Internet Año 7 - Nº 2376 | Montevideo - Uruguay
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Hernan Sorhuet Gelos. Los foros de Porto Alegre y Davos resumen la mayor puja de intereses que hoy condiciona la calidad de vida actual y futura de la humanidad.
Tiempo de diálogo

Entre los múltiples beneficios aportados por la revolución de las comunicaciones a la sociedad, señalamos su contribución a la toma de conciencia de algunos aspectos de la realidad que están condicionando la calidad de vida de la gente. Es el caso de temas como el ambiental o el económico. Cada vez más personas están enteradas de las decisiones que se toman en los selectos centros de poder internacional. Pero lo más importante no es el flujo neto de información sino de variedad de la misma. Entonces, mientras "globalización" para unos significa oportunidad, para otros implica calamidad. Van y vienen infinidad de datos, de cifras y estadísticas. Pero al mismo tiempo accedemos a opiniones y sesudos análisis de personas muy preparadas que confrontan pronósticos y conclusiones tan optimistas como preocupantes.

De esas pulseadas deberían emerger las mejores decisiones. Es este un camino nuevo que comenzamos a recorrer con esperanza y convicción. Por esa razón vemos como muy positivo que se realicen simultáneamente los foros de Davos y de Porto Alegre. A pesar de los 32 años de existencia que tiene la realización del Foro Económico Mundial en la ciudad suiza, y aunque se diga lo contrario, es evidente que ha faltado la incorporación de la dimensión humana a los procesos económicos que allí se discuten y acuerdan. Si bien reúne a los políticos, hombres de negocios y académicos más poderosos del planeta, ello no ha significado la solución a problemas tan esenciales para la humanidad como la necesidad de: crear las condiciones para lograr un crecimiento global más acelerado; eliminar los subsidios agrícolas que operan en los países con mayor poder adquisitivo; conseguir que el desarrollo resulte sostenible en términos sociales y ambientales; achicar la brecha tecnológica y social entre los países ricos y pobres; mejorar los niveles de salud y nutrición; y proteger la identidad cultural de los pueblos contra la avasallante homogeneización que impone el proceso globalizador imperante. Las mayorías no pueden esperar cruzados de brazos como sus futuros se desmoronan.

El Foro Social Mundial de Porto Alegre fue creado hace dos años como una protesta internacional, reclamando modelos alternativos al estilo imperante de desarrollo. Su valor está justamente en la naturaleza de su nacimiento y evolución; en la materialización de un reclamo creciente de millones de personas que no disponen de un ámbito válido para hacer escuchar sus voces. Las reglas comerciales y económicas a regir en todo el planeta, que se deciden entre las minorías carecen de equidad y, por lo tanto, deben reverse. No puede ser que los países ricos gasten mil millones de dólares por día en subvenciones agrícolas, con lo cual condenan al resto a la pobreza. Por algo en los últimos cincuenta años el comercio mundial se incrementó 17 veces, mientras que la participación de nuestra América Latina en dicho comercio cayó del 11% al 5% en igual período. Necesitamos un nuevo diálogo sin exclusiones a la hora de discutir las estrategias que se aplicarán en un mercado cada vez más globalizado. Los resultados negativos cosechados en las últimas décadas para la mayoría de las naciones son razones más que suficientes para asegurar que los destinos de la humanidad no pueden estar en manos de la elite financiera internacional como hasta ahora.

El flujo de la información está posibilitando el ejercicio de controles y vigilancias de parte de otras organizaciones civiles y sociales, con impacto en los sectores políticos. Este nuevo tiempo no debe verse como preocupación, sino como una esperanza. Se trata de una etapa fermental que promete generar los ámbitos adecuados para promover cambios que materialicen ideas tan compartibles como las que proponen el desarrollo humano sostenible, o sea desarrollo con equidad, respeto, paz, democracia y equilibrio.


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