HENRY SEGURA
Más de un centenar de personas acompañaron el féretro con los restos del cantante Gustavo Nocetti en el cementerio del Buceo, poco después del mediodía del pasado martes. La despedida se demoró más allá de la hora preestablecida porque una cantidad mayor de personas le habían dado su adiós antes en la sala velatoria.
Además de los familiares y amigos, estaban algunas figuras del ámbito político (como Ruperto Long y Martín Ponce de León) y muchos artistas provenientes de zonas muy diferentes de la música, con obvia mayoría de los tejedores del tango. Desde Lágrima Ríos al director Fernando Condon, pasando por el bandeononista Luis di Mateo, el pianista Alberto Magnone, el cantante Pablo Estramín y el poeta Víctor Cunha, entre otros.
De alguna manera, expresaban lo que artísticamente había sembrado Nocetti, un cantor de notoria precocidad, cultivado en sus comienzos dentro de las áreas más tradicionales del tango que absorbió de su padre, de los que luego necesitó apartarse para ir reconociéndose en otros maestros mientras además degustaba lo que se hacía desde géneros sin conexión aparente con el tango. Es sintomático que su primera incursión fonográfica, en 1975, cuando tenía apenas 16 años, haya sido acompañada por un trío liderado por di Mateo.
Pero Nocetti tenía claro que los caminos de la creación no tienen una única dirección y que muchas veces obligan a repasar lo que antes se había abandonado. A fines de los años ’80, haciendo uso de la lucidez crítica que solía mostrar, le confesaba al poeta Elder Silva que él había entrado a Buenos Aires "por la puerta del tango oficial, que es el tango de cartón que se ve por televisión", recordando su pasaje por Grandes valores del tango, el programa que durante años condujo Silvio Soldán. Y enseguida le agregaba que en ese momento estaba interesándose cada vez más por "el tango subterráneo, que es tango que no está en los grandes medios de difusión, que se graba y los discos no se pasan por la radio" y ejemplificaba: "Un joven prende la tele, ve Grandes valores y la apaga inmediatamente. En cambio si un tipo ve a Marconi, por ejemplo, tocando el bandoneón dice ‘pero no puede ser, es Chick Corea tocando el bandoneón’...o los casos de Mosalini, o Binelli".
EQUILIBRIO. La apuesta por lo nuevo o por la renovación no determinó un alejamiento de las expresiones más tradicionales del tango. Cuando se acercaba a los 40 años de vida, Nocetti era capaz de reconocer que "con los años uno empieza a entender algunas cosas" y personalizaba: "con los años fui acercándome al mundo que describe el tango, tanto que ahora paradojalmente canto muchos más temas tradicionales que al comienzo de mi carrera. Creo que el cantante, por más joven que sea, puede intuir algo por el solo hecho de cantar. Pero en mi caso el haber vivido trece años en Buenos Aires desde muy joven me hizo entender muchas cosas".
Esa convivencia amplia, donde desde siempre fueron referencias Gardel, Goyeneche, Julio Sosa y Ruben Juárez, fue más que evidente cuando hace un mes, celebró sus 27 años de tango con un recital en Sala Zitarrosa acompañado por el cuarteto que integraron Néstor Vaz, Cono Castro, Goicoechea y Miguel Romano, recordando a sus otras referencias no tangueras, como Fernando Cabrera.
En esa multiplicidad, que con frecuencia lucía al frente de la Filarmónica de Montevideo, está la riqueza legada por Nocetti y reconocida por quienes el martes lo aplaudieron por última vez, como ocurre con los artistas en sus actos finales.