ALGORITMOS

Cómo hacer para no vivir en una burbuja digital

Un consejo interesante es usar buscadores alternativos como DuckDuck Go que no tienen el foco en la personalización

Redes sociales
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En 2011 el investigador y escritor norteamericano Eli Pariser escribió el libro El Filtro Burbuja: Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos. Tiempo después subió al escenario de TedX y en una charla que hoy tiene más de 5 millones de visualizaciones explicó qué quería decir cuando hablaba de filtros burbuja.

Lo que plantea Pariser es que ese internet que muchos aún piensan que existe, murió cerca de 2009. Un lugar abierto en el que todos (bastante discutible de todos modos) teníamos acceso a todos los contenidos generados por los otros tan solo conectándonos. Pero eso cambió a partir de los últimos años de la primera década de los 2000 cuando las grandes plataformas como Google, Facebook, Netflix, Amazon, Twitter, etcétera, empezaron a personalizar cada vez más sus contenidos buscando mejorar sus ingresos (en su mayoría publicitarios y de ventas).

Así entraron los algoritmos (de los que hablamos hace unas semanas) a nuestras vidas y fueron haciéndose una parte central del modo en el que consumimos contenido y nos relacionamos con otros en el mundo online.

Tal vez la búsqueda en Google sea una de las demostraciones más paradigmáticas de cómo funciona esto en cada una de nuestras interacciones en línea.

Deténgase por acá. Le voy a pedir que hagamos un experimento. Abra Google en su celular o en otra pestaña de su navegador. Escriba “Siria”. ¿Qué aparece frente a sus ojos? Lo más probable es que mis resultados y los de quien está leyendo esto no sean iguales, pero también es probable que no sean tan diferentes. Wikipedia, guerra, violencia, muerte, enfrentamientos. Eso es lo que aparece si alguien en Uruguay escribe Siria en su buscador. Sin embargo, cuando alguien que vive en Siria busca esa misma palabra, los resultados son bien diferentes. Algo similar ocurre en las redes sociales que usamos, en función de la gente que seguimos, lo que silenciamos.

Pero, ¿no fue siempre así? ¿No vivimos siempre en burbujas donde la gente se parece a nosotros? Sí, es muy probable.

Sin embargo, la diferencia es que ahora ocurre sin que nos demos cuenta que está pasando.

La mayoría no podemos (o no queremos es válido) dejar de usar muchas de las herramientas del mundo digital que funcionan con esa lógica pero tal vez sea importante dedicar algunos esfuerzos a intentar perforar (aunque más no sea levemente) esas burbujas.

Un consejo interesante es usar buscadores alternativos que no tienen el foco tan puesto en personalizar. A veces pueden ser poco útiles porque, claro, no nos muestran exactamente lo que estamos buscando (la personalización tiene sus ventajas por eso la adoptamos), pero son un ejercicio interesante de desalgoritmización voluntaria. Duck Duck Go es el más popular y el más usado por quienes deciden ver cómo funciona el mundo afuera de Google.

Tomar la decisión de seguir en redes sociales a personas que no piensan como nosotros, es más, que piensan todo lo contrario a nosotros puede sonar molesto en el día a día pero es un ejercicio muy útil para exponernos a atisbos de otras burbujas. Seguirlos, no silenciarlos y, sobre todo, leerlos. Hacer clic en los links que comparten, mirar los medios que consumen, en otras palabras dejar todos los rastros posibles para que los algoritmos no nos encierren en burbujas demasiado pequeñas.

Es incómodo no encontrar las cosas que buscamos en tres segundos. Pero cuando superamos la molestia inicial podemos ver que muchas veces buscándolas encontramos otras que no sabíamos que existían. Casi como un acto de rebeldía en un mundo que nos dice que no perdamos tiempo en buscar.

Es incómodo leer a gente “que piensa feo” y nos hace enojar. Pero si hacemos el ejercicio de llevarlo al mundo físico, y salvo que tengamos el control remoto de Adam Sandler en Click, no podemos poner mute al tío pesado que dice cosas inapropiadas en los cumpleaños.

Escucharlo es una ventana a los que son distintos. Por eso molesta. Por eso hay que hacerlo. Porque hace pensar.

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