Vidas combinadas: tres uruguayos que son DJs y de día tienen trabajos convencionales

Antonieta Ruiz

HISTORIAS DE VIDA

Cómo es la rutina de personas que han decidido mantener un trabajo tradicional con otro más jugado con tal de no abandonar sus sueños.

En casi todos los aspectos, las vidas de Antonieta Ruiz, Alejandro Rodríguez y Washington Díaz no tienen nada que ver. Antonieta tiene 47 años, es contadora y dirige residenciales del adulto mayor; Alejandro tiene 22, es piloto y está cursando su último semestre de la carrera de abogacía; y Washington tiene 45 y es gerente general de una empresa de seguridad. Sin embargo, a la par de todo eso, los tres tomaron una decisión que los une: ser DJs.

Vocación.

De adolescente, Antonieta siempre se aseguraba de llevar su estuche de CDs a los cumpleaños. “Me llamaban a bailar y yo decía que no, que prefería quedarme poniendo la música”, contó. El tiempo pasó, y llegó un día en el que sintió que era el momento para darle rienda libre a su pasión. Tenía 43 años, trabajo, esposo e hijos. Un amigo la derivó a una academia donde daban cursos para ser DJ: “En las clases me contacté con gente del ambiente y fueron surgiendo toques”.

La carrera de DJ de Alejandro –mejor conocido como Kaffita– comenzó casi al mismo tiempo que la de Antonieta, pero con una diferencia importante: él tenía 15 años cuando hizo sus primeros toques. Su interés por ese mundo había surgido un año antes, al escuchar la canción Tarzan Boy en la radio y enseguida pensar que quedaría muy bien mezclada con el tema Self Control. “Busqué en Internet programas para DJ y empecé a aprender, hasta que llegó el punto en el que invertí en mi equipo y me puse a trabajar de eso”, relató.

Por su parte, la historia de Washington con la música inició varios años antes. Entró en la Facultad de Arquitectura en el año 1995, y siempre se encargaba de pasar la música en las fiestas estudiantiles. Para él, eso era mucho más que solo poner un CD atrás del otro: “Empecé a mezclar y a organizarme según estilos y velocidad de las canciones”, expresó. En 1997 hizo un curso de DJ profesional con CDs y vinilos y pronto empezó a tocar en cumpleaños de 15, casamientos y desfiles de moda.

Kaffita
Kaffita.

Multifacéticos.

Durante el día, las rutinas de Antonieta, Kaffita y Washington están destinadas a rubros más tradicionales.

“Hoy en día estoy partida entre la música, la parte de contadora y empresaria, y la de madre y esposa”, sostuvo Antonieta. La contaduría nunca le fascinó mucho, pero eligió ese camino porque su padre tiene un estudio contable. Actualmente se dedica más que nada a los residenciales de los que es dueña y, como tiene dos encargadas, no necesita estar siempre en ellos: “Eso me da más tiempo para dedicarme a la música, que es lo que más me gusta”, afirmó.

Si bien se asegura de tener tiempo para su lado musical, tampoco se enloquece: “Me dejo espacios, pero no me lleno de cosas porque sino no me da para estar bien en todos los aspectos”. A veces rechaza fiestas, sobre todo cumpleaños de 15 que no le entusiasman tanto y prioriza los eventos dirigidos a gente de su edad. “Me divierte mucho y además las personas están en la misma onda de música que a mí me gusta”, señaló.

Integrar la maternidad con su vida de DJ no ha sido un problema: “Mis hijos tienen 8 y 11 años y se re coparon”. Durante la pandemia, con la más grande hicieron algo que llamaron ‘los anti domingos’, transmisiones en vivo una vez a la semana en las que se intercalaban para pasar música. Por su parte, su esposo compró luces y un controlador y es el encargado de la iluminación en las fiestas.

A veces se complica un poco cuando tiene un toque entre semana, lo que sucede más que nada los jueves. “El viernes hay que estar a las siete de la mañana en pie por los nenes y si el día anterior el evento termina tarde hago un esfuerzo, primando lo que me gusta”, sostuvo en diálogo con El País.

En el caso de Kaffita, la abogacía siempre había sido su primera opción, así que arrancó la carrera sin dudarlo. Sin embargo, también le atraía el trabajo en la Fuerza Aérea, cosa que conocía de primera mano porque su padre es piloto. No quiso dejar eso de lado, por lo que completó el curso para volar.

“Ser DJ me encanta, pero creo que a esta edad tengo que aprovechar a abarcar todos los puntos que quiera”, expuso. Ahora está “volando mucho”, haciendo una pasantía en Fiscalía y trabajando en la música los jueves, viernes, sábados y algún que otro domingo. Toca en eventos privados y también en boliches.

Para él, no es nada raro tener un trabajo serio de día, como puede ser el de la abogacía y otro más “descontracturado” de noche. “Está esa idea de que si uno es DJ está más para la joda, pero en eso me cuido mucho y siempre soy profesional”, aseguró.

Y añadió: “Muchas veces la gente piensa que por trabajar en la noche uno puede estar en las drogas, pero eso es un prejuicio que en realidad no tiene que ver con la profesión, sino con cada persona”.

De joven, Washington estaba muy metido en el tema de la música. En 1998 participó de una guerra de DJs organizada por el programa radial Power Dance, que era conducido por el DJ Oscar Valdez. La competencia era a nivel nacional y Washington fue uno de los que pasaron a la final. “No gané, pero llegar hasta ahí ya fue un montón”, sostuvo.

Hace algunos años que dejó de enfocarse tanto en hacer toques porque prefirió “meterle más” a otra de sus pasiones, que es la magia. No obstante, a lo largo de su vida no solo ha podido incorporar a la música en su rutina, sino que incluso sacó provecho de ella: “Pertenecí a la directiva de un Baby Fútbol donde jugaban mis hijos y empecé a tocar en fiestas y matinés que hacíamos para recaudar dinero”, relató. Eso fue desde el 2017 hasta que comenzó la pandemia.

Cada tanto, toca en cumpleaños de 15 y casamientos. “La parte de DJ ocupa solo los fines de semana así que no influye en mi parte laboral”, aseguró. No tiene claro por qué eligió llevar la música como hobby y no como salida profesional: “Tal vez porque no lo veía muy económicamente redituable, pero no sé”.

Washington Díaz
Washington Díaz.

Identidad.

Según Antonieta, cuando está poniendo música sale su “‘yo’ potenciado”. “La música me atrapa y lo hago con muchas ganas”, afirmó. Disfruta de buscar canciones nuevas y probar diferentes combinaciones, pero sobre todo ama “hacer bailar a la gente”. Y admitió que “también hay una parte de ego”, porque le gusta que le digan ‘qué buena música que pasaste’.

A pesar de que ser DJ es su pasión, no pretende que sea más que un hobby. “No podría dedicarme a tiempo completo porque no me daría el cuerpo”, explicó. Y agregó: “Hay un límite que no quiero pasar que es que lo de la música pase de ser pasión a ser un trabajo. Esa línea no la pasaría porque no la preciso y le sacaría el gusto que tiene hacerlo”.

Para Kaffita, él es la misma persona de noche y de día: “Yo soy yo por la conjunción de mis tres pasiones”. En adelante, piensa mantener la parte de la música los fines de semana y el resto del tiempo dedicarse al derecho aeronáutico, que es un punto medio entre el pilotaje y la abogacía.

Lo que más le gusta de ser DJ es “el trato con la gente” y subrayó que “pasar música es un diálogo constante con las personas porque vos ponés un tema y ellos reaccionan”.

Washington está de acuerdo: “Es muy lindo pasar música porque tenés que tener un sexto sentido para analizar la pista e ir viendo cómo se mueve la gente”.

Animarse a hacer lo que a uno le gusta.

Antonieta tomó la decisión de cumplir su sueño de ser DJ a los 43 años y está feliz. “Es una experiencia increíble hacer algo que a uno le gusta, aunque sea de más grande. No hay edad para eso”, afirmó.

En el curso al que fue había solo cuatro personas de su edad, y una de ellas era una amiga suya que la acompañó. El resto tenía alrededor de 20 años, y a pesar de la diferencia de edad “había mucha buena onda”.

Su primer toque fue en un bar en Carrasco. “Tenía que hacer el warm up, que eran 20 a 30 canciones para la apertura de la noche y lo preparé durante días”, contó. Luego la siguieron llamando de ese restaurante para seguir tocando los jueves. Más adelante, comenzó a trabajar en verano en Shark Club de Punta del Este y hasta hoy en día continúa allí. También la han llamado para tocar en fiestas privadas.

“Prender la pista y mantener ese fuego encendido es lo más difícil, pero lo vengo logrando bien”, mencionó.

Si bien lo toma como un hobby, entiende que no está bueno hacerlo gratis: “Por más que yo no viva de esto, tengo que darle valor al trabajo de los que sí viven de esto. Fue lo primero que me enseñaron en la academia a la que fui”.

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