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Vanessa Estol y su amor por los deportes extremos: De llegar a la cima del Everest a practicar buceo libre

La uruguaya ha conquistado varias cumbres, entre ellas, el Monte Everest. Desde el año pasado realiza buceo libre, otro deporte extremo. ¿Qué ha aprendido de enfrentarse a la aventura y al peligro?

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Vanessa Estol

Vanessa Estol no conocía la nieve y reservó una excursión al Nevado de Toluca, en México. Recién ante la presencia del volcán se dio cuenta de que el paseo implicaba su ascenso. No estaba preparada físicamente pero, de alguna forma, pasó la prueba. Tanto que le agarró el gusto a las montañas y a los desafíos. Se trazó un objetivo: escalar el monte Everest. Y lo logró: se convirtió en la primera mujer uruguaya en pararse lo más cerca posible del cielo. La altura no le fue suficiente y desde el año pasado realiza buceo libre y logró descender 60 metros aguantando la respiración por dos minutos y medio. ¿Hay algo que no pueda conquistar? La deportista participará de “Entre la guerra y la montaña”, una conferencia en el que estará acompañada por Gustavo Zerbino, sobreviviente de Los Andes, y por Esteban Pino, veterano de guerra en las Islas Malvinas. Los tres contarán su historia de resiliencia el 14 de noviembre en el Movie de Montevideo Shopping. El País conversó con Vanessa sobre cómo transformó las adversidades en triunfos.

–Realizás dos deportes extremos: escalada y buceo en apnea. ¿Qué impacto han tenido en tu vida cotidiana?

–Me convirtieron en una persona muy disciplinada. He podido organizarme bien para tener tiempo para entrenar y trabajar. Como no tengo sponsors, todo lo hago yo y debo financiarme y prepararme físicamente. Pero, en realidad, son dos deportes que necesitan mucha preparación psicológica. Tal vez son un 70%-80% psicológicos y solo un 20%-30% físicos.

–Pero en materia de tiempo, ¿cuánto le dedicás al entrenamiento?

–Varía mucho porque últimamente estoy muy poco tiempo en la ciudad y lo tomo como descanso y solo voy al gimnasio una hora al día. El resto del tiempo estoy en expediciones. Si estás en expedición, hacés caminatas o escaladas de cinco o seis horas al día. Todo eso sirve para mantener mi estado físico. Por ejemplo, el pasado fin de semana fui al Nevado de Toluca (en México) y fueron unas seis o siete horas de ejercicio.

–¿Cómo te empezó a gustar la aventura?

–Empecé trabajando en el mundo del modelaje. Aproveché el tiempo en México para estudiar mi licenciatura, maestría y doctorado en Psicología. Trabajaba como investigadora en el Instituto Nacional de Psiquiatría y no podía viajar por mucho tiempo y buscaba salidas de fin de semana. Así encontré fotos del Nevado de Toluca y, como yo no conocía la nieve, fui, pero fui sin saber que iba a subir una montaña. Fue duro porque yo no hacía mucho ejercicio en ese momento y obviamente me costó, pero me encantó la experiencia. Justo coincidió con el estreno de la película Everest, me dije que quería subirlo y averigüé qué tenía que hacer. Comencé a subir montañas; subí primero todas las de México, me fui a los Himalayas a hacer una montaña de 6.000 metros y a Bolivia a otras de 6.000. Luego al Aconcagua. Así preparé mi camino para subir al Everest. Cuando volví renuncié a mi trabajo y empecé con las expediciones. Me dediqué solo a la vida de aventuras.

–¿Y cómo llegaste al buceo en apnea?

–Lo descubrí el año pasado. Fui de acompañante porque yo iba a hacer buceo con tanque. Pero me gustó y amigos me motivaron a que me metiera en competencias. Dos o tres semanas después ya estaba participando en la primera. Mi máximo, por ahora, es de 60 metros; son dos minutos y medio sin respirar. Estoy mezclando mucho la altura y la profundidad.

- Ambos deportes tienen su cuota de peligro pero de afuera se ve que la escalada se presta para más situaciones de riesgo. ¿Cuál es tu opinión?

–Sí, creo que sí, porque en la montaña hay muchas cosas que no dependen de mí ni de mi equipo como una avalancha o las grietas. Hay peligros en la apnea pero si vos estás con la compañía adecuada es mucho más controlable. En una competencia, con la seguridad que hay, las posibilidades de que tengas un accidente son mínimas.

– En el evento del 14 de noviembre vas a hablar de situaciones límites y de resiliencia. ¿Qué has aprendido?

–Te dan muchísima seguridad en vos mismo. Te das cuenta de lo que sos capaz de hacer. En mi caso, me di cuenta de esto con los fracasos.

– ¿Qué fracaso destacás por su enseñanza?

–El fracaso de mi primer intento de hacer cumbre en el Everest. Tuvimos que bajar a los 8.000 metros, ya estando en el último campamento, a nada de la cumbre. Por situaciones así te das cuenta de los resiliente que sos y de la capacidad que tenés de levantarte. Volví de ese primer intento habiéndome gastado todos mis ahorros, después de entrenar, de dedicarle mi vida completa a una montaña. Pensé que no iba a volver más. Sentí que se me venía el mundo abajo, que le había dedicado toda mi vida, dinero, esfuerzo y relaciones a una montaña y no había podido subir. Pero me di cuenta de que cuando realmente quiero algo y eso se convierte en mis sueños y yo pongo todo de mí misma para lograrlo, mi dedicación, mis ganas, esfuerzo, todo, soy capaz de lograr lo que quiera y de levantarme de las peores situaciones y de los fracasos. Me ayudó muchísimo para mi vida en general porque ahora realmente no veo cosas imposibles. Siento que tengo la capacidad de luchar por lo que quiero y de levantarme de otras situaciones de fracaso parecidas.

– ¿Pasaste por alguna situación en la que temías por el posible desenlace?

–Sí, muchas veces. Cada vez que se pasa por el campo base del Everest que viene la cascada del hielo; es la parte más peligrosa de la montaña y se siente como va crujiendo. Son bloques gigantes, del tamaño de edificios, que hay que escalar y, apenas empieza a salir el sol, hay más riesgo de que se caigan. Una vez, además, nos tocó el final de una avalancha. Vino hacia nosotros y nos pasó por encima, pero por suerte era lo último, que es nieve como en polvo, y solamente nos quedamos cubiertos. Un amigo que iba más adelante la vio caer y pensó que habíamos muerto. Otra vez tuvimos una tormenta muy dura y teníamos miedo de lo que iba a pasar o de si podríamos bajar. Cuando llegamos al campamento 4, las carpas se habían reventado por el viento. Al bajar estás más agradecido por estar vivo y estar bien.

Evento

Entre la guerra y la montaña

Vanessa Estol participará de “Entre la guerra y la montaña”, una conferencia en el que estará acompañada por Gustavo Zerbino, sobreviviente de la tragedia de Los Andes, y por Esteban Pino, veterano de guerra en las Islas Malvinas.

Los tres contarán su historia de resiliencia el 14 de noviembre en el Movie de Montevideo Shopping.

La cita es a las 20:30 y las entradas pueden ser adquiridas en la web.

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