CIENCIA

La técnica del trapito: método uruguayo para buscar plomo en casa y lugares de trabajo

Método económico diseñado por la Facultad de Ciencias busca controlar la contaminación por plomo; este tóxico persiste en cañerías y pinturas viejas

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La técnica del trapito húmedo siendo aplicada en el marco de una puerta de una casa de Montevideo. Foto: Laboratorio de Biomateriales.

Episodio 4 de la segunda temporada de New Amsterdam: los doctores Frome y Kappor se enfrentan a la ciudad después de que descubren que los arreglos en un puente habían provocado el envenenamiento de todo un barrio con pintura a base de plomo. Van a las casas con una especie de bastoncitos que apoyan en las paredes: estos pasan de blanco a rojo y confirman la presencia del tóxico.

Estos insumos solo pueden ser traídos a Uruguay a través de una importación y no son baratos. Así que los investigadores del Laboratorio de Biomateriales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República diseñaron su propio método y económico al que llaman “la técnica del trapito húmedo”.

Eduardo Méndez, director del laboratorio, así lo explica: “Es simplemente un limpiacola de bebé (o toallita húmeda) que se moja en vinagre, limpiás la pared y luego le agregás un reactivo. Si queda rojo es señal de que hay plomo”.

Este método está listo para ser transferido al Ministerio de Salud Pública (MSP) para la inspección de los lugares de trabajo donde se manipula plomo. Esto estaba previsto para 2020 pero fue postergado por la pandemia por coronavirus. Lo que resta es que los técnicos del Laboratorio de Biomateriales capaciten al personal de la cartera.

Pero luego del sonado caso de plombemia de finales del siglo XX y el retiro del plomo de las naftas, aditivos y pinturas en consecuencia, ¿todavía persiste un problema en el país? La afirmación de Méndez no deja dudas. “Ya no se venden pinturas con plomo, ya no se vende nafta con plomo, ¿pero dónde quedó el plomo? Quedó dentro de nuestras casas”, alertó.

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La toallita se moja en vinagre; si al pasarle un reactivo cambia de color es que hay plomo. Foto: Laboratorio de Biomateriales

Pasar el trapo.

La “técnica del trapito húmedo” fue puesta a prueba en un plan piloto de inspección en 50 casas de un barrio de Montevideo y de otro barrio en Canelones. La tecnología funcionó correctamente: la toallita cambió de color en cuatro viviendas. El diagnóstico fue confirmado en el laboratorio y los niños de esos hogares fueron derivados inmediatamente a la Unidad Pediátrica Ambiental de la Facultad de Medicina. Al mismo tiempo, las intendencias resolvieron la fuente. “Si era una puerta pintada, se sustituyó la puerta; si era una pared, se pintó. En un simple acto de inspección se logró dar una solución completa al tema del plomo”, apuntó Méndez, profesor agregado e investigador del PEDECIBA Química.

Promedio de 187 niños intoxicados por año.

En Uruguay, se reportaron 16.338 casos por contaminación por plomo entre 2001 y setiembre de 2020, según un pedido de acceso a la información pública realizado al Ministerio de Salud Pública. En 2019 y 2020, la cantidad de casos reportados disminuyó en comparación con años anteriores: se tiene registro de 152 pacientes en 2019 y 76 en 2020 (en ese caso hasta setiembre), mientras que en 2018 se habían reportado 212. La información recibida es escasa y no está discriminada por departamento y barrio, tal como se solicitó en el pedido de acceso. Desde sus comienzos en 2010 y hasta febrero de 2021, la Unidad Pediátrica Ambiental asistió 2.062 casos de plomo en sangre. Un promedio de 187 niños por año. La mayoría son de Montevideo.

En el laboratorio también se trabaja en el desarrollo de sensores para plomo con nanopartículas pero es un proyecto que todavía está en la etapa inicial.

Las fuentes de contaminación por plomo en los hogares son diversas: polvo, suciedad en los zapatos, cañerías y pinturas viejas, puertas, muebles y juguetes antiguos. “Ahora están de moda los objetos vintage sin saber que te podés estar llevando a tu casa una buena cantidad de miligramos de plomo, lo que es súper peligroso”, advirtió el catedrático. También lo pueden ser los soldaditos de plomo o los autitos de colección heredados del abuelo o del padre. Estos, si se quiere conservarlos, deberían estar dentro de una vitrina y no tocarse.

La situación ideal para Méndez es que un día la técnica desarrollada por la facultad sea utilizada en una inspección masiva de viviendas. Pero, si eso nunca se concreta, se ofrecen cursos de educación permanente para aprender a aplicarla dentro de casa u oficina. En este sentido, el Laboratorio de Biomateriales ya ha compartido los conocimientos en Montevideo, Colonia, para los centros de formación docentes en todo el país y pronto lo hará virtualmente para interesados en Colombia.

“¿Cómo viaja el plomo en el aire? A través de las partículas de polvo. Si el polvo ingresa a nuestra casa también lo hace el plomo que anda en la vuelta. Tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles para que no se mueva dentro de nuestras casas”, comentó Méndez.

Normas modelo para la región y el mundo,

Alrededor de 70 países tienen legislación relacionada con el plomo en las pinturas; Uruguay es uno de ellos. El límite de aceptación depende del bloque comercial:
90 miligramos por kilo para la Unión Europea y Estados Unidos y 600 miligramos por kilo para el Mercosur. No obstante, la pintura con plomo todavía puede ser encontrada en cualquier vivienda que haya sido pintada antes de la década de 1980. El producto tenía niveles por encima de 10.000 miligramos de plomo por kilo. “En materia de legislación Uruguay está bien avanzado. Es más, la norma uruguaya es tomada como ejemplo por la OPS”, señaló Eduardo Méndez, director del Laboratorio de Biomateriales de la Facultad de Ciencias de la Udelar.

Y añadió: “Hay una diseminación tan grande de plomo que es imposible no estar expuesto a él porque está en todos lados. Los niveles mínimos de plomo cada vez son menores porque se van desarrollando metodologías analíticas que permiten detectar cada vez menos. Así bajó el nivel de plomo en sangre en niños. Esto desafía a los químicos a desarrollar nuevas técnicas. Ningún nivel de plomo es inocuo; todos son tóxicos”.

Una medida es dejar el calzado junto a la puerta y cambiarnos de ropa. Otra idea es reemplazar las escobas y plumeros por aspiradoras y cera para muebles. “Lo que falta decir es que, además de eliminar la COVID-19 y prevenir la gripe, esas acciones nos ayudan a prevenir la contaminación por plomo. Hay que inculcarle a la gente que los nuevos comportamientos que hemos aprendido con la COVID son buenos para la salud también en lo referido al plomo”, agregó.

Para dar la información a la población, los investigadores repetirán este año la experiencia de dar charlas en el colegio Crandon con el objetivo de que sean los niños y liceales los que alerten de los riesgos en sus casas.

“La idea no es crear alarma, porque no la hay, sino crear nuevos hábitos y entender que el plomo, como la COVID, está entre nosotros y tenemos que saber cómo convivir con él”, expresó el director del Laboratorio de Biomateriales. No obstante, recordó que ninguna exposición al plomo es inocua, puesto que el ser humano no tiene los mecanismos bioquímicos para deshacerse de él si sufre una intoxicación. “El cuerpo no conoce cómo lidiar con el plomo. Así que, estrictamente hablando, cualquier cosa con plomo es tóxica”, concluyó.

Alquimistas, pintores y diversas fuentes.

Entre las principales fuentes de contaminación por plomo se destacan la explotación minera, la metalurgia, el uso de pinturas y naftas con plomo, el uso de baterías de plomo-ácido para vehículos y muchos otros productos, como pigmentos, material de soldadura, vidrieras, vajillas de cristal, municiones, esmaltes cerámicos, artículos de joyería y juguetes. Eduardo Méndez, director del Laboratorio de Biomateriales, enseñó sobre la historia de la plombemia: “Entre los grandes culpables están los alquimistas que manipularon tanto el plomo que lo desparramaron para todos lados. Además, muchos de los pintores renancentistas e impresionistas murieron por una enfermedad que se llamó el ‘cólico del pintor’. Era un envenenamiento que les producía problemas digestivos terribles que algunos los conducía a la muerte y a otros a la locura”.

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