¿Qué ha sido de las niñas con el genoma editado?

genoma

CIENCIA

Poco se sabe de las primeras niñas del mundo editadas genéticamente a tres años de su nacimiento

Se cumplen tres años desde que el mundo descubrió que el investigador chino He Jiankui había cruzado todas las líneas rojas al editar genéticamente con las herramientas CRISPR varios embriones humanos y transferirlos a varias mujeres para su gestación.

De ese irresponsable experimento nacieron dos niñas, gemelas, a las que conocimos como Lulu y Nana (nombres ficticios) y tiempo después supimos de la gestación de una tercera niña. Se trató de un experimento irresponsable porque todavía no era seguro (ni lo sigue siendo hoy) garantizar la seguridad y eficacia de las herramientasCRISPR en embriones humanos.

Cualquier posible explicación razonable de las intenciones de He Jiankui saltó por los aires cuando se publicaron fragmentos del manuscrito que había intentado publicar, infructuosamente, en revistas de primer nivel.

Quedaba patente su ensoñación mesiánica al pretender generar una estirpe de niños inmunes al sida y resistentes al VIH, tras inactivar el gen CCR5 que codifica el correceptor que usa el virus para introducirse dentro de los linfocitos. No lo consiguió.

¿Qué fue de estas tres niñas?

Estas tres niñas son, a la vez, famosas y víctimas, pero es mucho lo que aún desconocemos de ellas. El debate ético actual reside en si debemos disponer de los datos generados (aunque sea para evitar volver a realizarlos sin consentimiento antes de poder garantizar su seguridad y eficacia) a partir de un experimento realizado sin los debidos permisos éticos. También en si debemos asumir, una vez realizado, que sus resultados deberían ser accesibles al resto de la comunidad científica.

Sabemos que las dos gemelas nacieron unas semanas antes de producirse la noticia de forma, al parecer, prematura, en noviembre de 2018. Sabemos que la tercera niña debió nacer en la primavera de 2019.

Sabemos que He Jiankui ignoró un precepto fundamental en el desarrollo de cualquier terapia: la existencia de una necesidad médica. No era el caso, pues existían procedimientos de reproducción asistida pensados para parejas portadoras del virus VIH que desearan tener un hijo biológico.

Sabemos que He Jiankui engañó a sus colegas ginecólogos para que implantaran los embriones editados indicándoles que se trataba de embriones obtenidos por un procedimiento habitual de fecundación in vitro, lo cual era cierto, pero sin alertarles que habían sido editados genéticamente. Sabemos que engañó a los padres y madres, dándoles a entender que el tratamiento con CRISPRal tratar de inactivar el gen CCR5 era el único posible para evitar que sus hijos se infectaran por el VIH y desarrollaran sida. No les explicó que el procedimiento recomendado en estos casos (padre portador, madre sana) era una fecundación in vitro, previo lavado del esperma del padre para eliminar todo rastro de virus VIH.

Sabemos que He Jiankui supo que el experimento no había tenido éxito al analizar una biopsia de los embriones editados y desarrollados in vitro antes de ser implantados. A pesar de ello, continuó adelante.

Sabemos que He Jiankui había prometido a los padres un seguimiento médico de las niñas nacidas hasta que cumplieran los 18 años. Sabemos que las autoridades chinas se han comprometido, de momento, a monitorizar de cerca a estas tres niñas hasta los 5 años de edad. Sabemos, por fuentes no identificadas próximas a He Jiankui, que, al parecer, se han producido estos chequeos médicos al mes, a los seis meses y al año del nacimiento.

Sabemos que ninguna de las tres niñas reprodujo la deleción que existe de forma natural en la población humana en el gen CCR5 (delta32) que bloquea la función del correceptor e impide la entrada del VIH en los linfocitos. Las personas que son portadoras de esta mutación delta32 en homocigosis son inmunes de forma natural al VIH (aunque pueden tener una mayor sensibilidad al virus de la gripe, del dengue y de la fiebre del Nilo, entre otras alteraciones de su sistema inmunitario).

Tampoco era esa la intención de He Jiankui en su experimento: no pretendía reproducir la mutación delta32 y, obviamente, no lo consiguió.

El científico chino He Jiankui. Foto: EFE
El científico chino He Jiankui. Foto: EFE

Sabemos que la niña conocida como Lulu tenía 15 pares de bases delecionadas en uno de los dos alelos del gen CCR5 (múltiplo de tres, que podría estar asociado a una pérdida de función de la proteína codificada, o no, si los cinco aminoácidos eliminados no fueran relevantes para la función de la proteína), mientras que el otro alelo parecía estar intacto, y era por lo tanto funcional. Sabemos que Nana tenía una inserción de un par de bases en uno de los alelos y una deleción de cuatro pares de bases en el otro (ninguno de los dos es múltiplo de tres), lo que podría sugerir que ambos alelos serían no funcionales por alteración de la secuencia codificada en los tripletes siguientes. Sin embargo el mosaicismo sugeriría que un porcentaje de sus células pueden no haber sido editadas, por lo que, si así fuera, Nana seguiría siendo infectable por el virus VIH.

Sabemos que la tercera niña, al parecer, tenía editado solo uno de los dos alelos del gen CCR5. Sabemos que por lo menos una alteración genómica no deseada fue encontrada en el genoma de Lulu en una zona intergénica del cromosoma 1.

Ignoramos dónde nacieron, la ciudad y el hospital donde se produjo el nacimiento. Ignoramos sus nombres verdaderos y los de sus padres.

Tampoco sabemos donde viven actualmente. Ignoramos su estado de salud actual. Solamente sabemos, por parte de las autoridades chinas, que su salud está siendo monitorizada y supervisada. Ignoramos qué tipo de test médicos han sido realizados sobre estas niñas y los resultados obtenidos.

Tampoco sabemos los test que se les realizarán en un futuro a corto, medio y largo plazo. Ignoramos el efecto real de cualquiera de las ediciones alélicas detectadas en los alelos del gen CCR5, su trascendencia funcional, y su posible afectación del sistema inmunitario. Ignoramos la totalidad de posibles alteraciones no deseadas en genes similares en el genoma de las tres niñas. Ignoramos la probable existencia de alteraciones genómicas no deseadas que afecten a grandes regiones cromosómicas, como las detectadas en experimentos similares sobre embriones humanos realizados in vitro, sin implantarlos.

Ignoramos el porcentaje y extensión del mosaicismo genómico de las tres niñas.

Ignoramos el manuscrito completo que escribió He Jiankui. La comunidad científica está dividida al respecto. Sus considerables y evidentes problemas éticos impedirían su publicación en revistas habituales, pero los médicos encargados de la supervisión de las niñas se beneficiarían de saber exactamente las modificaciones genómicas que presenta cada una de ellas y que fueron descritas en el manuscrito.Ignoramos qué grado de implicación tuvieron las autoridades chinas en este experimento. Si se trató de la idea de un investigador aislado o si recibió apoyo institucional y económico para ser el primer científico que realizaba una edición genética sobre embriones humanos con el resultado de un bebé editado.

Ignoramos por qué ninguno de los diversos colaboradores extranjeros a quienes He Jiankui confesó su intención de generar bebés editados genéticamente con CRISPR decidió acudir a las autoridades, chinas o de su país, y alertar a la comunidad científica del experimento éticamente inadecuado que se iba a producir de forma inminente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar