PANDEMIA

Niños crean sus propios antivirus para manejar sus emociones

Proyecto artístico revela los sentimientos de los más chicos: mucha tristeza pero también esperanza

YoCreoMiAntivirus
En el proyecto #YoCreoMiAntivirus participan niños de entre 6 y 12 años. Foto: Mariela Soldano

Un Pac-Man que se come al coronavirus. Un dinosaurio que escupe fuego y lo elimina de la faz de la Tierra. Una vacuna de color verde y un arcoíris que restablece el orden natural. Son solo cuatro ejemplos de las decenas de expresiones artísticas que recibe Mariela Soldano desde que comenzó el proyecto #YoCreoMiAntivirus para niños de entre 6 y 12 años.

Los participantes provienen de alrededor de 50 escuelas y colegios de todo el país; inclusive, algunos de la ciudad de Buenos Aires que se enteraron por redes sociales. La consigna es clara: expresar sus emociones durante la pandemia por COVID-19. Y, por eso, hay tantas creaciones como sentimientos: de esperanza, de enojo, de frustración o incluso pensamientos racionales de cómo acabar con una enfermedad.

Soldano es una artista plástica y gestora cultural que vive en Punta del Este y que lleva adelante talleres comunitarios en escuelas, centros del Inau y en el Museo Ralli. #YoCreoMiAntivirus nació el 13 de marzo, el mismo día que se informó sobre los primeros casos de coronavirus en el país y la posterior suspensión de las clases. “Es probable que los niños no puedan poner en palabras concretas lo que están sintiendo por estar encerrados. Comenzamos a trabajar la emocionalidad y a trabajar el virus en un marco biológico y no en uno de muerte”, explicó a El País.

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La consigna es clara: expresar sus emociones durante la pandemia por COVID-19. Foto: Mariela Soldano

El desafío es sencillo: buscar una base circular de cualquier material (tela, cartón u otro), investigar microfotografías de virus, bacterias y otros elementos biológicos y luego crear el “antivirus” que acabe con el SARS-CoV-2. La segunda parte es esencial, a juicio de Soldano: la exploración de imágenes reales de virus permite que se descubran “colores y texturas increíbles” o, en otras palabras, “acercarse a una belleza que desmitifica que los virus son maléficos”. La artista añadió: “Los niños así pueden interpretar que el virus es parte de una biología, no una posibilidad de muerte”.

Cada participante reacciona de una manera distinta: hay aquellos que dibujan peluches porque es el único objeto que pueden abrazar en tiempos en los que es obligatoria la distancia social con sus amigos o abuelos; otros hacen explícito su terror por la enfermedad (desde el punto de vista neurocientífico, el miedo y la paranoia se contagian de adultos a niños) propia o de un familiar o incluso por la violencia dentro del hogar o la pérdida de ingresos. “Los niños están muy tristes”, afirmó. Pero muchos “usan la fantasía como una manera de sanar”. Soldano recibe mensajes de padres que le cuentan que sus hijos, luego de crear su “antivirus”, manejan mejor los miedos y la ansiedad que les provoca el aislamiento.

Las obras de arte pueden ser vistas en el Instagram de la organizadora (@marielasoldano) pero deben ser enviadas en formato físico para que, cuando lo permita la pandemia, los propios niños participen de la instalación de una “enorme red de antivirus circulares, enganchados uno por uno” para cerrar el proyecto.

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Las obras de arte pueden ser vistas en el Instagram de la organizadora (@marielasoldano). Foto: Mariela Soldano

“Estos antivirus generan una red de niños unidos que darán cierre a lo que pasaron”, apuntó. La pandemia por la COVID-19 es algo que recordarán por el resto de sus vidas.

Uno de los objetivos de Soldano es que la iniciativa llegue a más escuelas de contexto crítico para que sirva como insumo para el manejo de las emociones de los niños, puesto que puede faltarles la contención de un familiar o una maestra.

“No solo es una cosa que nunca vivieron, sino que puede sumarse padres sin ingreso diario; es más angustia, más preocupación, más enojo. Este es un proyecto para acompañar lo que están sintiendo”, explicó a El País.

Sin herramientas para defenderse, son los niños los que se llevan la peor parte del confinamiento; pero todavía tienen su imaginación para, por lo menos en papel, pinturas y materiales, crear su propio antivirus para combatir la pandemia.

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