HISTORIAS

Isla de Flores: un tesoro nacional que es paraíso y fue purgatorio

Avanza su estudio para declaración como Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad

Isla de Flores

Durante mucho tiempo, la Isla de Flores fue “la Isla del Purgatorio”. Allí iban los desahuciados que veían por su ventana una costa que no llegarían a pisar. Pero al visitarla, 155 años después de la construcción del lazareto para aislar a los viajeros y atender a aquellos que llegaban con enfermedades infecciosas como tuberculosis y fiebre amarilla, la sensación es otra. Conocer su historia, su diversidad biológica y caminar entre las ruinas bajo el sol es estar en un paraíso desconocido por la mayoría de los uruguayos; uno que fue incorporado al Sistema Nacional de Áreas Protegidas como Parque Nacional.

Visitar la isla es toda una aventura marítima. Una que comenzó a las 7:15 del viernes pasado para embarcar el ROU Isla de Flores (aunque tuvimos que hacer trasbordo al ROU 21 Sirius en medio del mar debido a una emergencia médica en un buque mercante). La travesía dura dos horas y debe hacerse con precisión milimétrica. La isla es famosa por haber ocasionado centenares de naufragios desde el siglo XVII. Por lo tanto, el capitán y su tripulación deben acercarse con cuidado, con ciertas maniobras, para tirar los cabos y atracar en el muelle. Ese día el oleaje hizo que el Sirius, un buque balizador, lo tuviera que intentarlo tres veces.

Al tocar tierra, empieza otra aventura. Una que permite recorrer el pasado y ver una naturaleza que, a pesar de haber sido modifcada por el hombre, conserva grandes valores. Por varias razones avanza la propuesta como Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad.

Juan Antonio y Cinthya: los locos de la isla.

Desde su casa en Lagomar, Juan Antonio Pérez Sparano siempre veía a lo lejos la Isla de Flores. Y lo atrapaba tanto que un día cruzó el río. A penas puso un pie, se enamoró del lugar. Así que una vez que se jubiló empezó a investigar cómo recuperar su patrimonio. Con amigos y su hija, Cinthya, fundador el Instituto de Investigaciones Históricas y Sociales del Plata y crearon el Proyecto Isla de Flores con el objetivo de rescatar su historia.

Juan Antonio y Cinthya viajan cada 15 días con la Armada. Ella relató: “Nos dijeron que éramos los locos de la isla. Pero también dicen que los locos hacen mucho”. Ambos dirigen un museo donde se pueden ver las tejas del alojamiento de primera clase y las tejas de los galpones de tercera clase, camas originales, muebles de la época, vajilla, lavatorios y hasta una pala ancha que se presume que se utilizaba en el crematorio. “Queremos que la isla sea para todo el mundo y no para unos pocos”, señaló Cinthya en referencia al lato precio de las excursiones. En cada visita, los voluntarios realizan un relevamiento de los derrumbes; también limpian el terreno.

Juan Antonio prepara un segundo libro y se está organizando una exposición a cielo abierto.

Ambientes silvestres.

“La isla es tan inhóspita para vivir que hay poco bicho que resista”, dijo Enrique González, mastozoólogo del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), quien trabaja en una tesis de maestría sobre el patrimonio natural y cultural de Isla de Flores. La lista de fauna es corta pero llamativa: hay gran cantidad de conejos y de ratas de agua (el único mamífero autóctono continental presente en la isla) que transforman el ambiente con sus nidos, madrigueras y trillos; aparentemente dos especies de lagartijas conocidas como “víboras de cristal”, cangrejos (los cangrejales están entre la segunda y la tercera isla), el sapo de la arena (único anfibio que logra reproducirse en charcos de agua dulce con influencia salina), gaviotas, caranchos, lobos marinos y caracoles.

Algunas consideraciones: en la isla existía la mayor colonia reproductiva de gaviotas del país. Se llegó a tener constancia de miles de parejas nidificantes, pero ahora hay apenas algunos cientos, por lo que es un tema que está siendo investigado (esto es fácilmente reconocible porque la isla es un verdadero cementerio de gaviotas, con huesos y cráneos desperdigados). Además de gaviotas y caranchos, habitan la isla diversas aves marino-costeras, entre ellas ostreros, chorlos y gaviotines.

Isla de Flores
Isla de Flores. Foto: E. Leal

En la pasada Semana Santa, González, la ornitóloga Agustina Medina y el estudiante de Biología Santiago Ramos permanecieron nueve días y ocho noches en la isla. Se alojaron en carpas que armaron en lo que queda del viejo desinfectorio. Su objetivo era estudiar la población de ratas de agua, para lo cual utilizaron, con menos éxito del esperado, 150 trampas para micromamíferos. “Todos los días de 8:00 a 10:00 identificábamos y contábamos las aves a lo largo de una transecta que abarcaba todo el perímetro de la primera y segunda islas y a las 6 de la tarde, puntualmente, desde el faro se contaban los conejos”, relató. También relevaron reptiles e invertebrados y utilizaron grabadores y redes de niebla para detectar murciélagos entre las ruinas.

Las condiciones inhóspitas de la isla también afectan a la vegetación. “Acá no crece prácticamente vegetación arbórea o arbustiva autóctona”, señaló el investigador. Los árboles y arbustos que aparecen en la primera isla son exóticos y en el resto de la isla se observan algunos juncos y tunas; el resto del terreno está cubierto por un tapiz vegetal bajo y ocasionalmente se ven algunos tamarices y ricinos. La falta de árboles permite que desde el extremo de la isla donde está el faro se vea con claridad el camino rocoso que lleva, primero, hasta las ruinas del hospital y la zona del cementerio; y luego hacia la última isla, donde funcionaba el “lazareto sucio”.

Un elemento que llama la atención es la abundancia de zapallos. Es más, aquí está “la población más grande de Uruguay”. Se trata de la variedad silvestre del zapallo doméstico y esas plantas pueden considerarse una “reserva” genética que puede ser útil para mejorar el zapallo doméstico.

Isla de Flores
Isla de Flores. Foto: E. Leal

Las características naturales de Isla de Flores (un paisaje único que maravilla al visitante) hacen creer al director de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, William Rey, que este parque nacional se merece la doble declaratoria por la Unesco: la natural asociada a la cultural.

La historia de la isla no solo está signada por la construcción del faro y el funcionamiento del lazareto. También fue cárcel para los prisioneros de las revoluciones blancas de 1897 y 1904, para presos políticos durante la dictadura de Gabriel Terra (1933-1934) y, durante la segunda guerra mundial, fue el sitio de reclusión para los marineros de la embarcación alemana Tacoma. También hubo allí detenidos durante las medidas prontas de seguridad previas al último régimen militar.

Las tormentas y el abandono fueron modelando el paisaje actual: edificios semiderruidos y muros derribados. Las mareas hacen el resto: llevan la basura más increíble (desde cajones de pescado hasta una vaca de peluche o restos de un sillón). Solo sigue incólume el faro. Y aunque todo es un verdadero tesoro nacional, solo hay una conclusión posible: la memoria debe ser rescatada.

Objetivo: patrimonio natural y cultural.

La Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, entre otras instituciones, tiene un objetivo para esta administración: que el Parque Nacional Isla de Flores sea declarado Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad por la Unesco. De lograrlo, las tres pequeñas islas que, en total, tienen casi dos kilómetros de longitud y un ancho máximo de 400 metros, su paisaje, su diversidad biológica y sus edificaciones serán el primer sitio de estas características en el país pero también en el mundo. Ninguna de las otras “islas de cuarentena” es patrimonio mundial.

Así lo explicó William Rey, director general de la Comisión a El País: “La Isla de Flores tiene un valor universal porque está atada a un proceso migratorio muy importante que se dio a finales del siglo XIX y comienzos del XX por el cual el Río de la Plata fue un gran polo de atracción para los migrantes que llegaban a hacerse la América. Además, no hay tantos espacios de cuarentena especialmente proyectados con las lógicas y conocimientos propios del sanitarismo de la época (un ejemplo es Ellis, en Nueva York). Estamos ante un ejemplo indudable de un bien con condiciones universales con valor excepcional”.

La Isla de Flores ya está incluida en la lista indicativa de la Unesco que es el paso previo para su estudio. La Comisión trabaja para presentar toda la documentación en 2023. Pero mientras que se realiza la documentación, el sitio necesita intervención urgente para frenar su deterioro que, en algunas edificaciones, está muy avanzado. “Hay situaciones de S.O.S. para los edificios que requieren consolidación”, apuntó Rey. Lo que queda del hospital es lo que está más comprometido; en la parte de alojamiento hay riesgo de derrumbe. El faro, que es la construcción más antigua del lugar, es la única perfectamente conservada.

“La Isla de Flores muestra un estado del pensamiento en materia de arquitectura y un estado del pensamiento de la vida política”, señaló Rey. Y añadió sobre su valor patrimonial: “Este fue un proyecto que creía en una sociedad sana: sana de cuerpo y sana de mente”.

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