COMO URUGUAY NO HAY

La estadounidense que no vivía más de cinco meses en ningún lado y eligió Garzón

Esta fotógrafa dejaba Uruguay después de cada verano; el invierno en la campaña le hizo recordar a su San Francisco

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Heidi en su casa en Pueblo Garzón

Esta es la última nota de Guru'Guay para el ciclo Como Uruguay no hay y es un diferente a las anteriores. Después de los motociclistas canadienses, la ciclista rusa en San Javier y la sudafricana y su beba nacida en el Hospital Pereira Rossell, esta es la historia de una estadounidense que, en realidad, tiene pasaporte uruguayo. Pero nunca había vivido en ningún lugar por más de cinco meses en toda su vida, hasta que se vio atrapada en una pandemia en Uruguay.

La fotógrafa Heidi Lender, de 54 años, estaba en el parador La Susana en José Ignacio, cenando con un amigo artista, cuando se conoció la noticia de la llegada del coronavirus a Uruguay. Ella acababa de cerrar Campo, su casa de residencia para artistas en Pueblo Garzón después de una temporada que había estado agitada y estaba a punto de retirarse a una cabaña en Chile para descansar.

Su agenda para los próximos seis meses estaba repleta de eventos de recaudación de fondos y festivales en Europa y Estados Unidos. Pero esa cena fue la última vez que salió a cenar y abrazó a otro ser humano en meses.

Heidi es de San Francisco. Su primer contacto con Uruguay fue hace una década cuando viajó a Sudamérica. Al mirar su guía, vio que había un “pequeño país lindo” entre Argentina y Brasil. Después de haber trabajado en la industria de la moda como escritora y estilista fotográfica, recordó que había hecho cobertura en Punta del Este. Le gustó la idea de tomar un ferry desde Buenos Aires de camino a Brasil.

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Heidi y su pareja habían comprado 33 hectáreas en las afueras del pueblo.

Era Año Nuevo y no había reservado hotel. El único lugar con disponibilidad era el hotel Francis Mallman en Pueblo Garzón, que acababa de abrir. Heidi no tenía idea de quién era Mallman, un chef de renombre internacional, pero el lugar “parecía sacado de un set de cine”. Durante su estadía de tres noches, Francis invitó a todos los huéspedes a un asado en las sierras. “Fue la cosa más mágica”, dijo Heidi.

Ella y su pareja salieron del diminuto pueblo uruguayo rumbo a Brasil pero dos semanas después, en Rio de Janeiro, se miraron y dijeron: “¿Qué estamos haciendo aquí?” Regresaron a Garzón y compraron 33 hectáreas en las afueras del pueblo.

Inspirada por la soledad y la belleza de Garzón, Heidi fundó Campo, un instituto creativo y organización sin fines de lucro en 2018. La misión de Campo es invitar a artistas y pensadores creativos a “nuestro rincón mágico de Uruguay y el planeta, para conectarse con ellos mismos, entre ellos y luego con el mundo en esta quietud”, dijo Heidi. Además, cada diciembre, organiza el Campo ArtFest, el que reúne a artistas de Argentina, Brasil, Uruguay y Estados Unidos para programas, charlas, fiestas y una cena benéfica. “Es un gran tejedor de comunidades. Atrae a turistas de todo el mundo, locales y gente de Montevideo a Garzón. El arte une a las personas”, señaló Heidi.

Cuando las fronteras se cerraron, sus planes se paralizaron al mismo tiempo. En realidad, nunca había pasado el invierno en Uruguay y era algo a lo que temía: “Todos decían que era una pesadilla, especialmente en medio de la nada”. Pero el frío y la humedad le recordaron a San Francisco y le encantó. Pensó que sería un buen momento para fotografiar, pero no fue así. No podía hacer las cosas que había estado haciendo “como una loca” durante los últimos tres años. En lugar de eso, encendió la estufa a leña y comenzó a leer y a escribir, en silencio.

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Heidi nunca había pasado el invierno en Uruguay y era algo a lo que temía

“Me pasó algo realmente asombroso que sé que le pasó a muchas personas que están acostumbradas a moverse constantemente. Cuando te detenés y no podés hacer planes, no podés mirar hacia el futuro. Todo lo que sabés es lo que está pasando en ese instante. Es el momento en el que más he vivido en el presente en mi vida”, expresó.

“Soy una persona muy hermética y me encanta estar sola, pero también me gusta la comunidad. De hecho, es por eso que creé Campo. Me gusta estar sola en medio de la nada, pero también estoy creando una comunidad artística y cultural porque necesitamos estar conectados”, agregó.

Le pregunté a Heidi cuáles son sus planes cuando se abran las fronteras. Ella respondió: “Hace cuatro o cinco meses hubiera dicho: Me subiré a un avión de inmediato. Pero realmente me encanta estar aquí. Nuestro próximo paso para Campo es construir nuestro campus, así que mi misión es recaudar fondos”.

El proyecto está siendo diseñado por Rafael Viñoly, quien es miembro de la junta de Campo.

Como no puede viajar para hacerlo, Heidi recurrió al crowdfunding. “La idea es abrirse al mundo para que Campo se convierta en un festival global. Veintisiete artistas uruguayos realizarán trabajos in situ que podrán ser filmados y expuestos online. La gente también pasará a verlos”, explicó Heidi. Otros 27 artistas internacionales realizarán trabajos para la web.

“Es un momento para hablar, especialmente en las artes, por lo que hemos elegido el tema Rompiendo fronteras”, dijo Heidi. Y argumentó: “Tenemos fronteras que romper y barreras que debemos cuestionar sobre el clima, la raza y la religión. Es una oportunidad para destacar a Uruguay y mostrarle al mundo lo increíble que es nuestra comunidad cultural”.

Además, Heidi está aprovechando su tiempo para conocer gente y viajar a Montevideo para construir un puente entre la cultura de la capital y Campo.

De todas las personas que entrevisté para esta serie sobre viajeros atrapados en Uruguay por la pandemia, Heidi era la única persona que yo ya conocía de antes. Sabíamos una de la otra a través de una amiga en común. Heidi asistía a un taller de escritura en Francia y, al presentarse como estadounidense que vive en Uruguay, esta amiga le dijo que tenía que conocerme. “Tiene un sitio web con todo lo que necesitas saber de Uruguay”, le informó.

Le pregunté a Heidi cómo se sentía acerca de cómo Uruguay ha lidiado con la pandemia. Así respondió: “Me siento realmente segura y muy agradecida de dónde estoy. Tengo una inmensa fe en la gente y en la cultura uruguaya. Que a nosotros –y puedo decirlo ahora porque tengo pasaporte uruguayo– nos gusta ser el número uno. Se nos dice que estamos manejando tan bien la pandemia y queremos seguir así”. Le pedí a Heidi que ampliara más esta percepción, dado que los uruguayos tienden a caracterizarse como de “perfil bajo”. Pero ella habló del “orgullo” de ser el primer país en concederle el voto a las mujeres y los primeros en legalizar el matrimonio igualitario y el consumo de la marihuana. “Creo que a pesar de ser un país pequeño, tenemos mucha influencia a nivel internacional en torno a temas progresistas”, afirmó.

Ahora, Heidi no tiene prisa por dejar Uruguay en el corto plazo.

Y así lo explicó: “He vivido en muchos lugares y hay una belleza y simplicidad en el estilo de vida aquí que nunca antes había experimentado. Entonces para mí esto es el paraíso. No hay día en que no gire en la carretera hacia Garzón y piense, Dios mío, soy la persona más afortunada del mundo”.


* Karen A. Higgs es autora y referente internacional sobre Uruguay a través de la plataforma Guru’Guay. Ofrece guía gratuita en guruguay.com/elpais.

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