EMOTIVO ADIÓS EN EL PUERTO DE MONTEVIDEO

Emoción, selfies y carteles en la despedida de los 82 tripulantes del Capitán Miranda

La travesía se extiende hasta noviembre. El Velero Escuela hará 15.194 millas en cinco meses y anclará en 20 puertos de América.

Capitán Miranda. Foto: Leonardo Mainé
82 tripulantes zarparon el mediodía de ayer en el Velero Escuela Capitán Miranda. Foto: Leonardo Mainé

Lourdes toma la rosa que su pareja le entrega y se funden en un tierno y apasionado beso. Es la segunda vez que el marinero Juan Germán se embarca en el Capitán Miranda, pero la primera que su novia decide ir a despedirlo. Ella lo mira con la misma nostalgia que sentirá durante estos cinco meses que estarán lejos, y le repite, “hasta luego, buen viaje, te espero con el mate”. Y los ojos se le llenan de lágrimas.

Juan procura hacerse el fuerte pero cuenta a El País que llevará encima una cantidad de fotos familiares que mirará para levantar su ánimo cada vez que el bajón lo visite en alta mar.

María Pía Cardozo, encargada de la cocina del barco, cree en la energía y viajó con sus piedras en la valija. Nunca estuvo tanto tiempo lejos de casa y sabe que ese amuleto será su aliado perfecto en noches de soledad.

María y Juan son dos de los 82 tripulantes que zarparon el mediodía de ayer en el Velero Escuela Capitán Miranda para una travesía de cinco meses. La templada y soleada mañana invitaba a una despedida multitudinaria: cientos de familiares, amigos y parejas se acercaron al puerto de Montevideo a las 9:30 para despedir y desear suerte a sus seres queridos.

Hubo llantos y risas por igual. En estas postales no faltó el mate con bizcochos, las pancartas de las madres, los carteles de amigos con mensajes, las selfies con el barco de fondo, ni los besos y abrazos antes de partir.

Los abuelos y el amor de los nietos.

La familia del alférez Pablo Fernández lo sorprendió con una gran despedida el miércoles, y esa noche le costó bastante conciliar el sueño porque experimenta sentimientos encontrados: es muy apegado a su familia y le pesa saber que no los verá hasta noviembre, aunque lo enfrenta con valor “porque es la carrera que elegí”. Está feliz porque tiene por delante un viaje hermoso con cantidad de desafíos pero pensar en las “piernas largas” -días navegados entre puerto y puerto sin tener conexión y comunicación- lo desmotiva un poco.

Pablo se mudó de Maldonado a la casa de su abuela Alba con 17 años para poder hacer el bachillerato en la Escuela Naval. Vivieron juntos en Montevideo varios años y ella se quiebra al hablar de él. “Estoy muy emocionada, es un nieto especial, está en todos los detalles, y lo voy a extrañar muchísimo”, dice. Alba pidió que le crearan una cuenta de Whatsapp para poder saber todo sobre su Pablo.

Capitán Miranda. Foto: Leonardo Mainé
Los niños faltaron a clase para despedir a padres. Foto: Leonardo Mainé

Micaela y sus cuatro hermanos extrañan cada vez que su padre, Carlos Cantero, se embarca, “es muy doloroso porque no lo vemos nunca”. Pero están acostumbrados, ya que va por el tercer viaje en el Capitán Miranda, y un par de misiones al Congo. Hoy le preocupan sus hijos porque teme que no resistan la ausencia del abuelo. “El varón entiende, pero Milena tiene siete meses y ama al abuelo más que a nadie. Va a sentir su falta”.

Carlos también lo sufre. Desciende del buque a las 10:00 para aprovechar los últimos instantes con su familia, y procura estirar los minutos. Cada vez que le entrega a Milena a su madre, la beba le estira los brazos como si supiera que le queda un ratito para disfrutarlo.

Carlos no logró pegar un ojo en toda la noche del miércoles. Estuvo incómodo. “Era como si fuera el primer viaje que hacía porque es más largo. No podía descansar y pensaba en mi familia”, dice.

A falta de una hora para emprender un viaje de cinco meses, Carlos confiesa que la escena con sus seres queridos le da más ganas de bajarse, “pero es una decisión que tomé hace mucho tiempo y con felicidad”. Es el chef del Capitán Miranda y cocina con el mismo amor para la tripulación que para su familia.

Los nietos le tiran, y mucho. No puede desprenderse de ellos y se saca una foto atrás de la otra. “Llego a casa y siempre los tengo ahí. En el barco sé que tendré la cama vacía. Es una cama fría porque no los tengo”, dice con un dibujito regalado por su nieto que lo acompañará estos cinco meses.

La emoción de verlo irse cada vez.

Es la tercera vez que la familia de Adolfo Marques, capitán de máquina, se enfrenta a una de estas despedidas, y aunque procuran estar felices por la profesión que eligió su hijo, “emociona verlo irse”. Yolanda, su madre, dice que en fechas puntuales es cuando más se lo extraña. Con este viaje se perderá el cumpleaños de un año de su hija Paulina.

La beba está en brazos de su madre, pero su hermana Agustina, de 10 años, no quiere desprenderse ni un segundo de su padre.

Adolfo confía en la fortaleza de su mujer para llevar la casa adelante, y transmite a diario a su hija el valor de su trabajo, aunque hoy está más preocupado por saber si sufrirá mucha “extrañitis”.

Capitán Miranda. Foto: Leonardo Mainé
Cada tripulante aprovechó al máximo el tiempo con sus familiares antes de zarpar. Foto: Leonardo Mainé

“Este viaje es muy largo, se va hasta noviembre”, dice tomándolo de la mano. Adolfo sube al barco y Agustina pide por él. “Vas a inundar el océano y el barco con tantas lágrimas”, le comenta su abuelo en tono de broma. Pero para la pequeña no hay consuelo que valga.

Mensaje de una mamá a su hijo más mimoso
Capitán Miranda. Foto: Leonardo Mainé

Silvia llama la atención entre la multitud por una pancarta forrada con nylon. “Buenos vientos, Franco, te amo, mamá”, le escribió a mano para decirle chau. Es su manera de rendir honor a su hijo, y “que sepa que estoy aquí” en su segundo viaje de instrucción. Franco pide “una foto más” a sus parientes, y su hermano posa con un cartel colgado en el cuello que dice, “contigo hasta el fin del mundo”. Silvia, en tanto, se pierde la foto por comentar cuánto lo extrañará: “es muy madrero, tiene hermanos pero es el más mimoso. A medida que pasen los días notaré más su ausencia”.

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