CORONAVIRUS

Desinfección de mascarillas por luz UV llega a hospitales uruguayos

Dispositivo desarrollado en la Universidad de la República recibió mejoras y comprobó su eficacia

Coronavirus. Foto: AFP.
Las mascarillas N95 son para uso sanitario. Coronavirus. Foto: AFP.

En abril, tras los primeros casos de coronavirus en Uruguay, investigadores del Instituto de Física de la Facultad de Ingeniería y del Laboratorio de Biología Molecular Vegetal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República se unieron para crear un método de desinfección seguro, económico y portátil que maximizara la vida útil de un insumo médico esencial: las mascarillas N95. Así fabricaron un equipo que usa irradiación de luz ultravioleta C (UVC) capaz de desinfectarlas en cuestión de minutos.

Ya hay dos aparatos listos y en las próximas semanas se tendrán tres más. No obstante, se ha retrasado su entrega a hospitales porque todavía falta la aprobación definitiva de las autoridades de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE).

“Hasta ahora no hubo mucha necesidad de probarlo en hospitales porque veían que la situación no lo ameritaba porque no tenían escasez de dispositivos de protección; quizás ahora la urgencia es diferente”, dijo Horacio Failache, catedrático del Instituto de Física.

El ingeniero hizo referencia a los brotes originados en centros de salud en las últimas semanas. Uno de los equipos será enviado al Hospital Español y otro, al Hospital de Clínicas.

Las mascarillas N95 son las que se utilizan en el ámbito de la salud porque crean un sello hermético contra la piel que no permite que pasen partículas que se encuentran en el aire, entre ellas, patógenos. Están pensadas para ser usadas solo una vez (así lo establece el fabricante y normas internacionales) pero, ante la escasez de este insumo y su costo, son reutilizadas, lo cual constituye un riesgo para la persona.

El equipo en cuestión las desinfecta para que puedan ser reutilizadas hasta 10 veces.

Solo para el uso del personal sanitario.

Las mascarillas N95, técnicamente consideradas respiradores, son nombradas por su capacidad de filtrar el 95% de las partículas del ambiente usando electricidad estática.
A diferencia de otros formatos, las N95 son ajustadas. Una vez colocada correctamente, crea un sello contra la piel con un mínimo de fugas, lo que la hace muy segura. La electricidad estática junto con el ajuste a medida y las mínimas fugas hacen de la mascarilla N95 una opción extremadamente efectiva para los trabajadores de la salud.

Mientras que se dilataba la entrega a los centros hospitalarios, el diseño recibió unas cuantas mejoras.

Una de ellas es que ahora incluye un detector de luz UVC interno para su calibración automática. En general, se trata de una especie de horno con fuentes de iluminación ultravioleta que degrada el material de las mascarillas de forma gradual al mismo tiempo que mata a los patógenos.

Las N95 están compuestas por una tela de polipropileno, un polímero que mediante un proceso de electroestática fija las pequeñas partículas en los filtros para que no sean aspirados por la persona. Si alguien limpia estos tapabocas, por ejemplo, con alcohol, se elimina esa propiedad.

La luz ultravioleta está compuesta por fotones “tan energéticos” que son capaces de romper enlaces químicos. Un resultado muy conocido es la mutación a nivel genético que produce el cáncer de piel. En particular, puede romper el ARN de un virus. “Si uno produce tantas mutaciones o tantas roturas de la molécula de ARN termina volviendo al virus un organismo inviable”, explicó Failache. No obstante, la luz ultravioleta puede cumplir este cometido sin acelerar la degradación del plástico de la mascarilla.

En una serie de ensayos que se realizaron en laboratorios de la Facultad de Ciencias se midió la eficacia de la desinfección del aparato. Según explicó el ingeniero, la Administración de Medicamentos y Alimentos de EE.UU. (FDA) exige que un proceso de este tipo garantice que solo quede un organismo vivo en 1.000. El dispositivo uruguayo supera ese estándar.

Además de los dos ya fabricados, se construirán tres más antes de mediados de agosto, un plazo impuesto por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) que ha financiado parte del proyecto.

A Failache le gustaría tener mayor capacidad de producción, puesto que el objetivo es que todo centro asistencial cuente con, al menos, un dispositivo de desinfección de mascarillas N95, pero no se cuentan con los recursos necesarios. “Una empresa se encarga de la parte mecánica y nosotros vamos a encargarnos de la parte electrónica; es lo que podemos hacer con nuestro propio esfuerzo porque somos tres personas en el equipo”, apuntó.

Las mascarillas N95 también pueden ser desinfectadas mediante la técnica de peróxido de hidrógeno. Este método, según el ingeniero, es considerado seguro y penetra en toda la profundidad del tejido. Pero presenta dos problemas: hay muy pocos equipos en el país para realizar el tratamiento y, además, es muy caro. “Desinfectar 10 mascarillas cuesta alrededor de US$ 100”, apuntó Failache. La UVC es más económica.

Un proyecto que se remonta a 2018,

En 2018, “cuando no pensábamos en la posibilidad de una pandemia inminente”, contó Marcel Bentancor, el Laboratorio de Biología Molecular Vegetal de la Facultad de Ciencias desarrolló y, luego publicó en una revista especializada, un irradiador ambiental por UVC para espacios cerrados. Su particularidad era el uso de tecnología abierta y de un costo más bajo que un dispositivo comercial. Desde ese entonces, los científicos lo aplican para bajar la carga viral en laboratorios y cuartos de cultivo.

Cuando el SARS-CoV-2 empezó a expandirse por el mundo, en la casilla de correo de Bentancor llegaron mensajes de una clínica oncológica de EE.UU. y de otros centros de Japón, India y Bolivia que pedían consejos para hacer sus propios prototipos para la desinfección de las mascarillas N95, siguiendo determinados protocolos. Entonces, “tratamos de ver cómo sacar una iniciativa para usar la luz ultravioleta contra el virus para Uruguay”, apuntó el biólogo a El País en una entrevista a finales de abril.

La desinfección por rayos ultravioletas estaba muy extendida en la industria agroalimentaria y en los hospitales antes de que la pandemia actual la volviera a poner de actualidad. En China, donde apareció la epidemia, se ha utilizado esta técnica para limpiar ómnibus y billetes. Incluso, el presidente estadounidense Donald Trump sugirió la utilización de rayos UV para curar a enfermos de coronavirus, lo que causó un gran revuelo entre los profesionales médicos de todo el mundo, pues su uso puede entrañar quemaduras y cáncer de piel.

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